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SOBRE UN ESTUDIO DE ROSINA VALCÁRCEL

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La vigencia de los mitos
Nuestras artes. La conocida poeta combina su quehacer literario con sus estudios dentro de las ciencias sociales. En su reciente publicación reflexiona sobre las historias y leyendas andinas que crean nuestra identidad.
María Luz Crevoisier Periodista“El país que no tenga leyendas está condenado a morir de frío, pero el pueblo que no tenga mitos, está ya muerto” se puede leer en el proemio que hace Pablo Macera al libro Mitos, dominación y resistencia andina, de Rosina Valcárcel Carnero.
Esta obra rubrica la vocación andinista y poética de Rosina Valcárcel Carnero (Lima, 1947), quien no duda en hacer uso de la belleza de los versos para complementar un trabajo largamente planificado y surgido del afán de comprender y explicarnos los mecanismos de nuestro comportamiento étnico.
El tema del mito ha adquirido en los últimos tiempos, según el investigador Wilfredo Kapsoli Escudero, una inusitada atención y ha motivado múltiples encuentros y debates. Ello porque es una forma de preguntarnos: qué somos como pueblo, qué queremos y a dónde vamos. La respuesta nos la da Rosina cuando dice que somos la historia que no está escrita, porque convive en nosotros en forma de mitos.
Trayectoria de décadas
La presentación de Mitos… se dio en el marco de la 18ª del FIL, cita en la que actuaron como presentadores los poetas Manuel Mosquera, Gonzalo Espinoza y Patricia Victorio.
Mosquera puntualizó los hitos de la niñez de Rosina en México, de su convivencia con las mitologías maya y azteca, que fueron delineando su vocación como poeta. Señaló que esa procedencia la llevaría a indagar sobre los motivos de la permanencia del andinismo, aun en los peores momentos de la agresión dominadora.
Como dijo Mosquera: “Esta obra nos brinda la comprensión de los mitos creados por las clases dominantes como arma de control social y, también, aquellos que construyeron los pueblos sojuzgados como símbolo de resistencia y pertenencia sociocultural”.
Por su parte, Gonzalo Espinoza subraya que esta obra “es un libro signo, un símbolo por las proposiciones que se renuevan, porque el estudio de Valcárcel se da desde los albores de la Conquista hasta nuestros días, advirtiendo de los cambios que se vinieron sucediendo a través de los siglos”.
A su vez, la autora de este estudio dio a conocer que el motivador de este trabajo antropológico fue el escritor José María Arguedas, quien la indujo a acercarse al universo andino para conocerlo y amarlo. Aquello ocurrió hacia 1975 en la Universidad de San Marcos, donde fundó y dirigió  la revista Kachkaniraqmi. Hasta entonces, la  obra poética de Rosina ya había sentado sus bases a través de Sendas del bosque (1966), Navíos (1975) y los versos adolescentes en la revista Luz, del colegio Teresa González de Fanning.
Ese quehacer poético le ha servido para interpretar la esencia de los mitos, especialmente aquellos relacionados con los fenómenos de la dominación y resistencia, pues estos son los que motivan mayor atención, tal como afirma el mismo Kapsoli.
Regreso a la raíz
Mitos como el Taqui Onqoy, movimiento de renacimiento surgido hacia 1565 y que se manifestaba a través del canto y la danza, el Micro Onqoy o el de Yanahuara (1596) fueron propiciadores del retorno al orden prehispánico junto con sus milenarias creencias.
El mito de Inkarri, recogida en 1956 en los ayllus ayacuchanos de Chaupi, Puquio, por José María Arguedas, y el  de Qollana, por Josafat Roel Pineda, traducen, al decir de Rosina Valcárcel, el anhelo de un pueblo por lograr su reconocimiento e identidad.
Datos
El principal motivador del trabajo antropológico de Rosina Valcárcel es el también escritor José María Arguedas.
Hace un mes la intelectual presentó un nuevo poemario que lleva por título Contradanza.
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La palabra entre el milagro y el oficio:
DELIA CABRERA MARKY / SEXTETO PARA VIOLÍN Y AGUA

Delia_2DELIA Cabrera y yo nos conocimos el último domingo de abril
del año 2012, en el D.F. de “México, lindo y querido”. Ella me escribió
y le respondí, presta nos fue a buscar a Carlos y a mí, y, con sus nietos,
fuimos a un Mercado artesanal. En el camino escuchamos “La Malagueña” y platicamos de todo un poco.
Ella sabía del evento en Hidalgo y de mi creación poética. Pasamos horas
cálidas e intercambiamos regalos. Luego, hemos podido tratarnos un poco
vía más e mails. Hasta que supe del nacimiento de su libro antológico
Sexteto para violín y agua (Sediento, México, 2012). Ella rauda me
telefoneó y planteó fuera una de sus comentaristas, y no dudé en aceptar.
Delia Cabrera Mrky, es limeña. Ella estudió poesía en el taller del vate chiapaneco Juan Bañuelos. Participó en cursos y talleres de poesía en la Casa de Octavio Paz, la Casa Universitaria del Libro, y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Siguió Estudios Internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su obra está editada en antologías, libros colectivos de poesía y revistas de literatura. Participó en diversos eventos internacionales de escritores y poetas. Organizó el Encuentro de Poesía Mujeres Poetas en la Región de las Flores (2007 y 2008), en Xochimilco (Ciudad de México). Parte de su obra ha sido traducida al francés (La Poésie Mexicaine, 1989, y Poésie Mexique-Quebec) y al quechua (La Poesía del Encuentro, 2011).
Al arribar a Lima, conversamos de diversos temas de interés común.
INFANCIA Y COLEGIOS
A menudo me agradó leer. Aunque me escondía pues mi padres deseaban que sólo leyera texto escolares, y yo iba tras los cuentos como Robinson Crusoe, que resultó en la clásica novela de aventuras por antonomasia. Una tía querida, en lugar de juguetes me obsequiaba libros que yo devoraba. Leía de todo. Reinventaba aventuras imaginarias, y justo me cambiaron de la escuela norteamericana, y la Secundaria la cursé en otro lugar donde enseñaban monjas, quienes me enseñaron filosofía, teología, meditación…Cómo concentrarme y lograr la introspección.
PINTURA
Recuerdo que en la escuela hacía algunos retratos de las compañeras. También
me entretenía haciendo Modelos. Y me hice diseñadora de Modelos étnicos. En México no pude ejercer mi profesión, por ser extranjera, entonces busqué otras salidas. Admiré a Diego Rivera, a María Izquierdo, pero me apasioné por la obra de Remedios Varo. La fantasía de Remedios es surrealista-mágica. ¿A ti también te encanta, verdad Rosina? Luego Alice Rahon, surrealista, enfatiza el tema de las mujeres. Con las monjas del colegio también aprendí a pintar. Y elegí la pintura. Me casé con un pintor alemán, tenemos dos hijas y diez años de convivencia. Aprendí de la pintura europea y de él. Hasta que acabó.
POETAS PREFERIDOS
Walt Whitman por su amor a la naturaleza (el hombre como parte de la naturaleza); Saint-John Perse por la riqueza de su vocabulario y por su trabajo con el idioma, él investiga y escribe de la realidad (no es invención). Los poetas surrealistas franceses. A Miguel Hernández. A Giuseppe Ungaretti. A César Vallejo. A Octavio Paz. A Blanca Varela. A Javier Sologuren. Vallejo es muy intenso. El manejo del idioma es singular, me inspiró mucho de ese sentido. La palabra es una herramienta, debe ser labrada, trabajada, la palabra como milagro.
ESCRITURA
Escribí como consuelo, pues fue un dolor separarme de mis hijas y de mi esposo,
Crear fue una necesidad. Participé en el libro colectivo México-Quebec, Siete poetas de México… En el año 2011 en el proyecto de Poemas traducidos al quechua.
Críticos literarios
ALBERTO CANDELAS
Delia Marky, una mujer cuya mirada cristalina sigue recorriendo el mundo con afán descubridor, de Perú a Alemania, de Alemania a México, atesorando experiencias vitales, siempre matizadas por su gran cultura artística que le lleva expresarse a través de un telar o de su poética. A sus preocupaciones de justicia social, de rescate de la dignidad indígena, añade como temas sus recuerdos más añejos o simplemente eleva a poesía un momento cualquiera vivido en su jardín de Xochimilco, desde donde contempla y vive el mundo con su intensidad de escritora.
NICOLÁS FUENTES
Delia es una poeta comprometida con la vida, sus sentimientos cobran existencia en su poesía, dinámica y un tanto encriptada, nos conduce por los caminos de la liberación de la mujer, de la opresión social de tantos siglos. La práctica reflexiva en sus versos, nos lleva a un destino histórico de una cultura tejida con generosidad en unos de sus telares.
SEXTETO PARA VIOLÍN Y AGUA
Para Delia, escribir es vivir. La autora aspira comunicar sus vivencias, sueños,
Experiencias. Pretende que su palabra no sólo emocione sino conmueva las entrañas de sus congéneres, de los lectores, que su palabra circule en la sangre de sus pares, de sus contemporáneos los que habitan en su barrio, los que moran en las prisiones, los estudiantes, los juglares, las mujeres.
Sexteto…es una suerte de antología de diversos poemas pero que tienen unidad. El título le gustó y convenció, la música y el mar, son ejes de su poesía, tienen ritmo, el violín, se puede escuchar música clásica, por ejemplo. Se da un problema en conciliar el tema de la mujer y los problemas sociales, la pobreza, la injusticia la enoja. Su autobiografía, es casi un autoexilio. En México extrañaba y escribía. Poco a poco fue organizando sus poemas por la temática; Autobiografía, Los otros, Sociales, Del amor. En México, su maestro de Economía política, él era marxista, le impresionó. Fue su segunda pareja durante veinte años, hasta hace poco que falleció.
Esta obra está compuesta de varios libros, que abarcan diversas etapas y discursos. “Ámbar de madera herida”: diez poemas; “Como el bambú que resiste”: ocho textos; “Rituales de humo”: nueve poemas; “Hoy ha llovido sal”: cinco textos; “Ascuas de asolada blancura”: ocho poemas; “Puertas que son espejos”: siete textos. Y “Erase una vez”. El lenguaje es dinámico y a partir de él todo se surte de significado.
La mayoría de poemas oscila entre tendencias visiblemente líricas. Hay poemas espontáneos, pero tallados. Delia trabaja el idioma, lo cincela, es una alfarera que de sueños premonitorios logra imágenes y metáforas, belleza pura.
Por ello no exagera Jorge Quintanar, cuando afirma:
Delia nos conduce en su libro por sendas donde resplandece la inteligencia en la cadencia de versos que nos golpean, a veces con el soplo de la brisa marina, otras con el puñetazo descarnado. Poesía de altos vuelos nos deleita en metáforas de vida.

http://www.redaccionpopular.com/articulo/la-palabra-entre-el-milagro-y-el-oficio-delia-cabrera-marky-sexteto-para-violin-y-agua

CIMARRONA de Patricia Temple (México, 2012)

(Rosina Valcárcel Carnero)

Antecedentes antropológicos
Cimarrones se llaman a los esclavos africanos que huían del poder y control de los dueños de origen europeo. Recordemos que en todo el continente hubo patrones españoles, portugueses, holandeses, franceses e ingleses. Los cimarrones se escapaban de las haciendas o casonas donde trabajaban, y en su huída, a veces construían relaciones culturales, sociales y de parentesco con los pobladores andinos. Es un proceso que se da en gran parte del continente y que, también, significó la recreación de la cultura africana en un nuevo medio.
Interculturalidad
Se da en países donde sobrevivieron las poblaciones originarias y no en los países donde prácticamente desaparecieron los indígenas, como en el caso del Caribe…Entonces, los vínculos y relaciones de parentesco se dieron más entre afros y europeos (los mulatos)
El proceso de relaciones de parentesco afro-indígena, básicamente se da en la región andina y en la mesoamericana.
Por lo dicho al plantear el vínculo con los runas, se está restringiendo la problemática. Porque en la diáspora hay diversidad de procesos de mestizaje. Hay algunos que conservan con mayor fuerza su matriz cultural africana y en otros hay hibridación o interculturalidad afroandina. No se puede generalizar.
Negro cimarrón, negra cimarrona
-Como extensión, el término fue usado en América colonial para describir a los esclavos que escapaban de su cautiverio. En Cuba, Jamaica, Panamá y algunos países sudamericanos (Colombia, Venezuela, etc.), el término cimarrón está asociado con los esclavos negros fugitivos que llevaban una vida de libertad en rincones apartados de los centros urbanos.
Entre los fugitivos había mujeres y hombres. En las islas del Caribe había “cimarronaje acuático” -es decir de isla a isla-… (Todavía falta estudiar).
Hay registro en la mayoría de países que los cimarrones fugitivos se cohesionaron y se establecieron en palenques. Hay algunos muy conocidos en nuestros países. Por ejemplo en Colombia está San Basilio de Palenque. En el Perú hubo también palenques, principalmente en Chincha y en las afueras de Lima, en La Molina, Monterrico, Huachipa.
Los cimarrones se establecían en zonas liberadas o palenques pues se dedicaban -según la visión predominante y prejuiciosa del discurso oficial europeo- al “bandidaje” para la sobrevivencia durante la colonia en los siglos XVI y XVII. Fueron los primeros bastiones de independencia a modo de republiquetas que prefiguraron la independencia de las colonias españolas. Los africanos y sus descendientes en los palenques sembraban la tierra, criaban ganado y continuaron con sus rituales religiosos y actividades culturales. Los palenques generalmente se ubicaban en zonas agrestes rurales de difícil acceso. Eran pequeños espacios de la libertad. .

Monólogo de Patricia
La obra fue editada en diciembre de 2012 en la Colección la abeja de Perséfone de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, D.F. Contiene 62 páginas. Está dividido en ocho secciones: “Tocar el cielo”, “Raquel”, “Aroma”, “María”, “Clara”, “Alicia”, “Ana”, y Donde las miradas convergen.
Este libro, empieza como una novela, y relata en primera persona, quizá, de modo subconsciente, el paso de la infancia a la juventud y a cierta madurez de este personaje, … de la escritora. La obra presenta un registro curioso donde se reúnen elementos líricos y, por instantes, épicos, que incluyen meditación y narración, la autora intenta una elevación espiritual, y, paralelamente, se palpa una sensualidad – a veces- descarnada. Una especie de monólogo escrito en lengua española que la poeta Patricia Temple ha creado con fluidez y cierto matriz teatral. En un segundo momento se advierten relatos independientes aunque con un trasfondo que los emparenta.
El libro, en parte, representa una suerte de examen de conciencia de la autora y de los prejuicios étnicos que superviven en Lima, no obstante la defensa de la cultura afrodescendiente desarrollada en las últimas décadas.
La autora-poeta-novelista-actriz, simula el aturdimiento de una pobre y rebelde cimarrona. Hay instantes que el libro parece un diario íntimo. En otros se siente a un poema lírico de largo aliento. A ratos es una especie de leve meditación anímica, algo introspectiva, sublimando el papel que tuvieron las cimarronas en la historia nacional.
En “Tocar el cielo”: Hay imágenes, metáforas bien empleadas, ejemplo:
“Quien me observaba veía el brillo de mis ojos como carbones encendidos”. (p.8)
O definiciones de la autora como palenque:
“…Tu partida es inminente. Lo decidiste con tu mirada enérgica, con esos ojos encendidos en la pavorosa oscuridad del galpón. Vengo de un lugar especial, palenque se llama. Es una tierra libre para gente de alma grande” (…) p. 8
“La travesía del desierto es un reto reservado a los espíritus grandes”.
El libro Cimarrona, y, en particular esta aseveración los asocio a ciertos pasajes de Herman Hesse, cuando habla de la amistad, de dos seres que se encuentran no por azar…sino porque llevan una marca en la frente…en pos de un destino. Evoquemos El lobo estepario (1927), la novela más innovadora de Hesse, es un viaje impresionante hacia los temores, miedos y angustias a los que se enfrenta el hombre en busca de su destino, Demian (1919), obra que fue lanzada en 1919, en los tiempos que siguieron a la Gran Guerra. Es la historia de una pregunta que pocos deseamos responder, de una senda que pocos queremos recorrer: la búsqueda de nuestro auténtico yo a través del rechazo de lo preestablecido. Siddarta (1922), basada en la vida del joven Buda, llega a la conclusión de que todo en la vida es apariencia: se puede comunicar el saber pero no la sabiduría. Solo así se está en camino a la perfección tan anhelada.
El cimarronaje, se constituye como una actitud de desafío y libertad ante el poder. Pero este término también evoca encuentros y reconocimientos en las sensibilidades y concepciones más penetrantes de hombres y mujeres. De ahí que en la literatura latinoamericana aparezca como testimonio y reflexión sobre el ethos, los avatares, historias, aventuras de aquellos y aquellas que conquistaron una vida incomparable. Por eso es que la mayoría de latinoamericanos nos reconocemos, ya sea en Carpentier, Rulfo, Arguedas o García Márquez. Y la autora siguiendo las huellas de estos cimarrones de la palabra y el imaginario, trata de cincelar letra a letra cada historia, mostrándonos sus lados oscuro, gratificante y libertario.
Los títulos de los libros no nacen al azar, ni tampoco se escribe nada al azar. Este libro se constituye en el palenque lírico con el cual Patricia conjuga su rito ceremonial con la vida plena de aquellas mujeres que eligieron la libertad antes que sucumbir como esclavas.
Ello explicaría que el centro del dibujo de la portada (Paul Gaguin, “Mujeres conversando”) esté conformado por mujeres en franco diálogo entre ellas y con la naturaleza resguardadas por un añoso árbol y dentro de un paisaje primaveral. Este es un viaje desde su subconsciente, que se transmuta en yo poético. Es el encuentro de Temple con la existencia y con ella misma. Árbol existencial que personifica a la vida y a la poesía en su real dimensión: la libertad. Representación para quien busca la brújula de las cimarronas, simboliza su indiscutible renacimiento. Por esto nos dice…el mejor lugar será ese donde las personas compartan tu mismo sueño. (pág.62)
Indudablemente que este es un libro de afirmación:
Veo en ti el ansia de vivir en libertad, que es explorar algo tan inmenso como el mar. (pág.9)
En estas historias de mujeres, en estos escenarios diferentes realiza la poeta un profundo discurso sobre el poder y la emancipación de las mujeres. Discurso que fustiga a la violencia del Estado militarizado, al patriarcado, los convencionalismos, las ideas políticas y la militancia. Cada una de estas mujeres tiene algo en común: un horizonte, para enfrentarse a la adversidad, crueldad. De ahí que un signo representativo en esta obra sea el contraste dialéctico entre las mujeres embravecidas, adoloridas, libres y creadoras del palenque, con las sirenas y arpías:
Así como vimos a las sirenas, aquellas envidiosas mujeres de piedra, veremos a las arpías, monstruos voladores de garra afiladas. Con sus graznidos horribles avisan a los amos de la fuga…Muchos años atrás las arpías fueron libres, vencieron al desierto y sus penurias. Su sino fatal fue regresar a las comodidades de la esclavitud. No resistieron el reto de vivir libres. (pág.13)
“María”, es un capítulo (y personaje) logrado.
Cimarrona, no sólo es una aliada si no una defensora del reconocimiento a la libertad. También es un homenaje a las soñadoras y un ajuste de cuentas de aquella joven, llamada Patricia Temple, autora y personaje, la cual tenía y tiene por símbolo: la poesía de un mundo nuevo. No dudamos que la autora proseguirá escribiendo y cada año obtendrá nuevos logros justos.
Nota:
Gracias al sociólogo Luis Rocca Torres, al antropólogo Manuel Mosquera y a Dany Elías por las lecturas y comentarios respectivos. El texto será leído esta noche en la celebración de Cimarrona, libro de Patricia Temple. Hoy, 27 de mayo de 2013, en Miraflores, Instituto Raúl Porras Barrenechea de la Universidad de San Marcos de Lima.

http://www.redaccionpopular.com/articulo/cimarrona-de-patricia-temple-mexico-2012

Árbol sin nombre (Lima, diciembre, 2010) [1]

Odette Amaranta por: Rosina Valcárcel

odette

Leonidas Vélez y yo embelesados leíamos Los cuadernos de Malte Laurids Brigge del checo Rilke. El 3 de Octubre de 1968 ocurre el Golpe Reformista Militar de Juan Velasco Alvarado. Los jóvenes protestan, entre ellos Leoni, quien es apresado en El Potao. Preñada de 8 meses y días lo visito durante su encierro. Nuestra hija Odette Amaranta nace en El Hogar de la madre ([2]) en Lima la mañana del 16 de octubre de ese año turbulento. Entonces los miembros de la generación del 70 loábamos a la Revolución Cubana, Los Black panthers, Los Chalchaleros, Jimi Hendrix, Santana, Simone de Beauvoir, GABO, Cortázar, Sábato, la defensa del amor libre, de los íconos, valores y ciertas experiencias del hippismo y feminismo. Con esos antecedentes, a los 8 años, Odette espontánea escribe sus primeros poemas inspirada no sólo en el mar, la arena, el horizonte, si no en el trabajo del carpintero, del trabajador que pintó las paredes de nuestra casa en Barranco. Y un cuento intenso, cuyo personaje central era su ebrio abuelo escritor cuya vida absurda se torna en canto a la humanidad. Aquello textos se extraviaron junto a otras joyas que atesorábamos. Odette aún niña nos acompaña a mítines en defensa de la libertad y justicia. Una vez leyó un poema de Javier Heraud al lado de Dalmacia Ruiz Rosas y de Roger Santivañez. Otra vez en el hospital psiquiátrico Víctor Larco Herrera [3] en un Día de la Madre. Al volver a casa, ella tierna y aguda dijo: “Mamá que sitio más gris, pobre gente, tu corazón es grande, pero mejor no me vuelvas a llevar, esta noche tendré pesadillas”. Tenía razón. En su libro Árbol sin nombre evoca: “Nací en una familia de poetas. Mis primeros versos fueron publicados en revistas, plaquetas y libros entre los años 1986 y 1994. Luego emprendí una larga retirada. Veinticuatro años después nace Árbol sin nombre, constelación de poemas que fue tomando forma desde entonces, sensaciones que fueron sucediendo, se hicieron espacio, insistieron y se transformaron en palabras a través mío, a pesar mío…presencias misteriosas…manifestaciones incomprensibles…sonidos antiguos…movimientos e imágenes que me invitan a esperar, a recibir y a escribir”.
Árbol sin nombre
Árbol sin nombre, es un poemario peculiar escrito por una mujer de la última época. Formalmente se agita dentro de la tradición, sin embargo aquí y allá surgen imágenes extraordinarias o descarnadas. Escrito sin mayores pretensiones, acaso inicialmente como algo lúdico, deviene en algo resplandeciente y firme, apasionado y puro. A veces gira en torno a lo inefable Quizá todos los poemas no alcancen similar perfección. Pero, la poesía de Odette Amaranta es de un intenso lirismo genuino, a veces sobrio y trascendente, que deja huella.
Veamos el texto “Delirante” (leyendo a Arturo Corcuera):
Espejos y bosques ardientes/ navega delirante// divina suerte de animal/ juega entre las aguas// manso/ despliega inmenso sus alas/ rosas/ guaridas en el mar/ advierto apenas su imagen distraída/ pasos recónditos/ inconfundible canto. (p.16)
Ella evita las palabras asombrosas y prefiere las usuales como su ícono Jorge Luis Borges. Casi sin dar el rostro la autora invisible danza con los colores habituales logrando fustigar al lector (a): Veamos el representativo poema de su agitada adolescencia “Julieta”:
Discorde y soterrada la desdicha/// nunca juncos/ lirios// ni remansos// solo señales quebrándose en un lienzo// la boca seca/ el fémur entreabierto// y llegaste temprano al barniz de la ciudad/ a los albores frígidos/ detrás de las cenizas// qué casualidad Julieta/ tú buscando el río y yo la orilla/ hoy que la locura recorre el reverso de tu faz. (p.18)
En su alquimia hay un juego de oposición y vínculo, de negación y afirmación, de tensión y fluidez, de infierno y cielo aquí en la tierra, es una loa al dolor y a la belleza de una mujer-joven al horizonte de todas-todos.
Leamos el poema “Hoja” no exento de escepticismo:
día que pasa/ hoja que cae/ silencio creciente/ rebalsando a mis pies (p. 22)
La autora, a menudo, es mediadora del prójimo a través de sí misma. El poemario es una afirmación de la ternura, ejemplo texto “Amo”:
amo el perfil de tus zapatos/ al borde de la cama (p.33).
También percibimos un fino erotismo, la posibilidad de la alegría, el canto a la naturaleza, a pesar de todo. Veamos: “En otra tierra”:
En otra tierra/ tu cuerpo sucumbe sobre el mío/ arrastra sal/ se desliza/ late a la velocidad de las estrellas (p.25)
Entre los textos irónicos, destaca “A la volada”:
A la volada/ bajas el perfil/ y contemplo desde allí/ la creación divina// hombres y mujeres evangélicos/ sometidos a la herejía de su santidad// leo la biblia/ y trato de ser santa/ casta ente las doncellas/ mas no alcanzo a tragar mi saliva// esfuerzo intempestivo por ser la Virgen María// en vano (p.26)
En el poema “Vaca” hay candidez e ingenio que refrescan:
Una vaca pasea en mi jardín / vaporosa/ masca y masca / tu cola de lana se menea con candor// ¿qué haces vaca en mi jardín? (p. 43)
Un poema perfecto, ácido y redondo es “Violeta” (inspirado en la larga enfermedad de la abuela materna):
Dejaste de ser / (o no te veo) // rojo sobre azul/ te has ido// laten tus huesos/ y no te reconozco// reina otro tiempo// miserable reminiscencia/ (o es ingrata la vejez)// has muerto con él / (o él contigo) // te he buscado y no te hallé// solo un raudal de fotografías/ y el desierto de Sechura// reposa tu nariz en mi silueta// confieso mi desdicha
Texto descarnado, donde el amor-desamor y lo cotidiano se entremezclan con acierto.
“Los Rosales” conduce al hablante lírico a la apelación constante de un pasado evocador de sentimientos y vivencias que nutrirán este poema y parte de la producción poética del libro en mención. Aquí se pintan recuerdos de la infancia, el clima cultural de los años ’70, el sentimiento de soledad, el pánico nocturno por “los insectos que imagina”, la alusión a la “soda cáustica” con que se quema y le deja huella (pero su tierna pierna es salvada por la intervención paterna), el calor de Aquila, la muchacha de Cerro de Pasco que cuidó de modo intermitente, el poema de Heraud como una señal y la figura paradigmática del Che.
valses y zambas argentinas/ anido a contraluz// aprendo a usar el tocadiscos para escuchar a Piero// el Che y Javier Heraud/ brillan entre muebles de paja/
(sucede
simplemente
que no tengo miedo
de morir
entre pájaros
y árboles)//
me quedo sola una vez más// mi bacinica deambula entre los cuartos/ las cortinas verdes me asustan/ y veo arañas en medio de la noche// revolución caliente vienen a vender/ y tengo miedo/ aunque Aquila vigile mis sueños// soda cáustica/ deja una huella/ pero papá me salva del ojo en el ají (p.46)

Leamos el texto “Barranco”: Aquí, con sencillez, se describen el lugar, los sujetos, los animales exóticos, el paisaje, los amados libros y eterno el mar.

Malecón Osma 699/ Billinghurst habita el mar de mi ventana//
mono iguana y halcón hospedan los vecinos/
debajo los tintilocos juegan a no entender//
cómo me gusta esa escalera larga y polvorienta//
naranja y verde nuestra casa relincha/ vaga niebla asoma entre los libros/
y nuestra mesa es una puerta para desayunar//
esta es mi morada/los Monsters pueden visitarla//
vivo en un barranco/ entre puertas de madera/ rostro al mar (p.47)

En el poema “Evocaciones”: hay tensión dramática, es un diálogo humanista y crudo con el padre, quien de niño sobrevive fuera de Lima, en medio de la pobreza, escasez, carencias, a causa de las persecuciones e ideales de su familia aprista. Paradójicamente la autora anota:
”y yo me anudo entre los muertos del Frontón”, en visible alusión a la masacre de penales ocurrida en junio de 1986 [4]y desafía…”pero no quiero ganarte la partida de ajedrez”, prefiere quedarse con la música que compone o recrea su progenitor.

Tingo María y su selva sin escuela reinan tu rostro

deja, deja la razón/
abre, abre el corazón//

los zapatos de tu hermano son más grandes/
en tus pies// el rocoto y la nata no me gustan todavía/
pero quién sabe luego// mi gato se confunde en el dintel de la puerta/
y yo me anudo entre los muertos del Frontón// tus lágrimas escondidas/
lágrimas al fin//
el cielo siempre será nuestro techo// la filosofía visita nuestros parques/
pero no quiero ganarte la partida de ajedrez//
acaso tu guitarra/ el mejor de los recuerdos (p.48)

En el texto “La sombra”, a través de alusiones a personajes míticos la autora se involucra no sólo con la experiencia amatoria, ni con lo que ocurre en Perú, si no con lo que sucede en el mundo. Aquí confirma una vocación por la libertad y la vida. Por el canto y la luz.

en Kurdistán las tortugas también saben volar/ vuelan alto y a pedazos /
en una pesadilla //
Satélite sujeta el hilo de Ariadna/
Agrim sangra, arde y se despoja en el precipicio//
bastarda es la guerra// Teseo mata al minotauro en su propio laberinto/
y el niño sin brazos recoge minas con la boca//
Kurdistán/ perdóname la vida// quiero clarear el día/ oscurece dentro de mí (p. 49)

El poema “m2”, es un texto abstracto, kafkiano, que pinta e ironiza el juego enajenado-capitalista de la venta-compra:

divide y reina/ el metro cuadrado// oronda cuadrícula infinita/ medido está el mundo/
(aunque no justo)// atiborrado transita/
etéreo/ sutil/
metros cuadrados vienen a ofrecer/ pero cuadrada no es la planta de mis pies//
pasos zigzagueantes/
perdidos/
como sabuesos/
andan/
¿dónde el metro cuadrado es?// curvo lo advierto todavía/
como redondas/ las moléculas
circundan mis milímetros (p. 50)

Como si apelara a lo esencial, a lo esencial de nuestra condición, la autora traza en breves líneas un poema-eclipse que nos conmueve: “Domingo”:

no son estos los Campos Elíseos/ que juntas hubiéramos querido recorrer //
solo un abismo/ profundo de abril/ en que arde la mañana (p. 53)

La poesía para la autora es una actividad del espíritu. Su opción feminista se expresa invirtiendo la realidad mediante el sobrecogedor poema “Orfeo. Rompe el marco de la lógica patriarcal. Así concluye, abandona al sujeto amado y al lector, no obstante queda la esperanza de la resurrección futura.

como Orfeo/ quiero tocar mi lira/ y al borde del infierno/
resucitarte (p. 55)
De su alforja salió esta imaginería no exenta de cierta tristeza. La poesía de Odette aviva nuestra fantasía e inteligencia: ¿Árbol sin nombre? ¡Qué título! nos deja la sensación de una nueva voz rebelde que no se sabe de dónde viene, tal vez del azar o de los antepasados, pero sí intuimos adónde va. ¡Congratulaciones a la autora, al editor y a la diagramadora!

arbol sin nombre

[1] Editor Carlos Carnero Figuerola. Diagramación: Camila Bustamante. Portada: óleo de Pilar Sousa
[2] Clínica ubicada en Miraflores.
[3] Llamado El Manicomio.
[4] bajo el primer gobierno de Alan García.

LA POESIA DE ROSINA VALCARCEL

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Escrito por Juan Cristóbal

Breve biografia

Nació en Lima el 1° de mayo de 1947. Estudió la primaria en México pues su padre, el poeta Gustavo Valcárcel, uno de los más notables de la generación del 50, fue deportado, junto con toda su familia, a México, por la tiranía de Odría, dada, en ese momento, su militancia aprista, ya que llegó a ser, incluso, secretario privado de Haya de la Torre. Luego Gustavo en el destierro se hizo comunista. La secundaria, Rosina, la hizo en el colegio nacional “Teresa Gonzáles de Fanning”. Como ella misma reconoce, no fue una alumna ejemplar ya que era muy inquieta, bromista y rebelde. Ingresó a la Universidad de San Marcos en 1964, donde llegó a ser la Musa de por lo menos dos generaciones de poetas. Obtuvo el Grado de Bachiller en Letras y después la Licenciatura en Antropología. También fue profesora en esa casa de estudios. Fundó y dirigió la revista de arte y política Kachkaniraqmi, de enorme trascendencia en el pensamiento social peruano. Hizo periodismo en diversos diarios y revistas. Obtuvo el primer premio en el concurso de poesía “José María Arguedas”, organizado por la colonia nisei, en 1974. Es una defensora permanente de los derechos humanos y el socialismo. Ha realizado varios viajes a Europa y recorrido el continente por sus actividades literarias. Su madre, Violeta Carnero, es también una luchadora incansable por los más pobres del país, tanto que en muchos instantes de su vida se ha enfrentado a la policía en la calle. Violeta es una comunista empedernida y una gran lectora y está siempre atenta a los vaivenes culturales del país.

Rosina ha publicado importantes libros de poesía, que han sido traducidos a diversos idiomas: Sendas del bosque (1966), Navíos (1975), Una mujer canta en medio del caos (1991), Loca como las aves (1995), Paseo de sonámbula (2001). Y por ahora dos libros donde recoge su obra periodística, siempre ligada a la cultura (entrevistas y opiniones): Diario de Talismanes (2005) y Aprendiz de Maga.(2006) Su labor poética está recogida en múltiples estudios y trabajos antológicos. Publicó también un interesante trabajo de Antropología: Mitos, dominación y resistencia andina (1988).

Algunos conceptos

Rosina es una trabajadora incansable de poesía. Ha dicho: “La poesía no puede definirse. Es a la vez vida y amor, crisis y liberación. Fundamentalmente, es un medio de acción, un ir siempre hacia delante”. Y respecto a su compromiso social: “No escribiendo desde el pueblo, al lado del pueblo, mal podemos creer que nuestra obra puede ser parte del pueblo”. En cuanto a su visión general: “Es muy difícil conciliar arte y ciencia, por lo menos para mí, que soy más soñadora que práctica, más desordenada que disciplinada”.

Notas básicas sobre su poesía

En la década del 80, la mujer tomó un protagonismo central en la vida social y política del país. No fue raro que las mujeres fuesen la columna central de los movimientos subversivos de entonces: Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario “Túpac Amaru” (MRTA).. La cultura, y especialmente la literatura, tampoco estuvo exenta de esta notable y exigente presencia femenina. Y Rosina Valcárcel fue una de sus principales y notorias exponentes en la poesía.

A nuestro entender, sus principales notas sobre las que descansa su importante poesía son las siguientes: Es de un aliento intenso, no sólo por su permanente protesta frente a las injusticias sociales y humanas, sino también porque su labor poética está henchida de amor y esperanza, de felicidad y plenitud por el destino del ser humano en todas sus dimensiones. Su obra tiene, por ello, un gran valor testimonial, no sólo por el anhelo del cambio, sino también por ese desencanto que nos produce esta magra existencia. En este marco testimonial, la nostalgia aparece como una constante en su obra: la nostalgia no sólo como un recuerdo del pasado, sino como una esperanza del futuro. El clima en el cual se desarrolla sus poemas está teñido de un viento de ternura permanente, por eso es que su poesía nos sensibiliza en cada verso que leemos (“Amor aun cuando no vinieras, / la vida continuaría / bella y maldita”)..

Su poesía atraviesa todos los intersticios de la conmoción humana: el amor, la rabia, la dulzura, el caos, el encono, la esperanza (“Sabe dios / cuándo podrás / prender la chimenea / y mitigar este invierno”). Si bien su nota más resaltante es el deseo del bienestar humano, la amistad y el amor entre los seres, también, en muchos poemas, hay un viaje al interior de los conflictos personales, que terminan siempre en el deseo de la reconciliación (“¿Qué nos brinda la noche, joven anónimo? / el vino y los ojos / la dama y su perro / el deseo y la sonrisa”). Por eso, su poesía, podría ser catalogada como una rebelión lírica contra la desesperanza actual que nos conmueve. Pero esta rebelión no es un lenguaje quejumbroso, sino es un contrapunto equilibrado y de altos kilates verbales entre la desilusión y el anhelo del cambio

Manuel Baquerizo, uno de los más notables críticos peruanos, lamentablemente hace poco fallecido, decía de la poesía de Rosina: “Es la recreación de las furias y las penas. Hay una fe indeclinable en el arte y en el porvenir del ser humano”

Tres precisiones finales. La poesía de Rosina está entroncada siempre con la pintura, ya surrealista, ya realista. Con las mujeres, más luchadoras, más abnegadas y sacrificadas en vida. Y con cierta soledad en la que se mueve sin caer en sus abismos. La que le hace decir cosas muy sabias, porque llega a tocar orígenes humanos profundos (“Todos los hombres son trozos de hielo / imitando el corazón de los lagos”).

Tal vez por ello, estas palabras están teñidas de amor y comprensión, porque con Rosina, a quien conozco desde hace mucho, somos como los árboles, como diría Jorge Teillier: que nos comprendemos, estimamos y amamos porque somos como los árboles: siempre tratando de tocar nuestras raíces. Y porque ella es, para muchos, la única golondrina que hace siempre el verano.

Juan Cristóbal 

EL ENCANTO SUBLIME DE ROSINA VALCARCEL

Escrito por: Rolando Lucio el 08 Jun 2012

Viole, ya me voy. Si no te vas conmigo quédate cabalgando en mis pensamientos”. Gustavo Valcarcel antes de morir.

Ella es verso juvenil libre al viento, es poesía que alberga la extraña mezcla de rabia y dulzura, en otros instantes es frenesí y pena, pero también es leona con alma de gaviota; cierto es, que sus vocablos transitan entre el compromiso social y las tiernas baladas, sus himnos cantan a la rebeldía y la concordancia, discrepa y converge con sus vivencias; su lenguaje desconoce la senescencia, porque se renueva antes del paso del tiempo, abrigando su lozanía y lindeza el singular embrujo de su lírica. Rosina Valcarcel, hija de Violeta Carnero y Gustavo Valcarcel, es fiel demostración que los genes son irrenunciables, pero viaja mas allá con una fértil obra, porque cada día va pariendo la belleza en forma de poemas, alumbrando así con nitidez el panorama literario de la palabra castellana.

Primero soy una mujer latinoamericana, internacionalista, poeta, feminista, que le gusta comunicar, después soy antropóloga, ensayista y buena amiga”, se conceptúa asi misma, su léxico es puro, como su pensamiento, “existe un desarraigo que llevo marcado en mi, porque soy hija del destierro”, expresa sin melancolías, “en mi infancia escolar no podía llevar uniforme, por eso en las fotos del colegio aparezco con trajes corrientes, nuestra pobreza económica era real, pero tuve la nobleza del alma de comprender y perdonar a mis padres”, las remembranzas atizan con pasión el tiempo presente, “tuve una identificación con mi madre, con quien hablaba al costado en las reuniones de casa, fui sensibilizada precozmente, desde temprana edad, bebiendo del saber de Gustavo Valcarcel, Teodoro Azpilcueta, Juan Gonzalo Rose”, muestra su orgullo.

Le pido respetuosamente unas expresiones para su padre, Rosina derrama su candor, “fue un hombre revolucionario, poeta que amó porque supo amar, un hombre puro, solitario, melancólico, manejó el castellano como pocos”, entonces asoma su denuedo, “considero que los tres mas grandes escritores peruanos que usaron el mejor castellano fueron Gustavo Valcarcel, Luis Alberto Sánchez y Alfonso la Torre”, es su sentencia; sobre su madre ofrece su honestidad, “la admiro como una infatigable luchadora, sin igual, estuvo educando a sus cuatro hijos, en el destierro, mientras el jefe de la familia sufría persecución y cárcel, ella vivió con intensidad hasta que la ausencia de mi padre la apagó, ella no estaba preparada para su partida, en ese momento se apagó para sus hijos”. Recrea la semblanza de esa noble dama a quien Diego Rivera, dibujó la imagen de su terneza en un cuadro que conjuga arte y belleza.

Busco el origen de su inspiración, “mi primer poema fue al indio, tenía trece años”, confiesa su precocidad, “soy arguedista, me gusta el Perú profundo, sus mitos, sus leyendas”, la percibo viajando por las sendas de las tradiciones, aunque en su caso, todos los caminos conducen a México, “En mil novecientos cincuenta y uno, partimos al exilio en un barco ganadero, llamado Urubamba”, la poeta sonríe de su recuerdo, “cuando llegamos a México, nos enfrentamos a la burocracia, a la semana de haber llegado, mi padre fue al Palacio de Bellas Artes, allí estaba dibujando un mural, sobre Cuauhtemoc, David Alfaro Siqueiro. Soy un escritor desterrado, acabo de llegar, necesito un trabajo porque tengo seis bocas que mantener, suplicó, el afamado artista le preguntó, ¿usted es aprista?, si respondió mi padre, pero no tengo nada contra el comunismo”.

Le solicito recorrer unos versos que he elegido para este edificante diálogo, la poeta acepta con amabilidad, entonces recito, “Escribo no por azar sino por acuarelas, flautas y fuego/ Las caricias abren los ojos junto a la floresta dorada/ y es azul el universo y rojos los girasoles de Van Gogh”, inquiero sobre los girasoles rojos de Van Gogh, ella sonríe primero, luego adopta seriedad, “es una metáfora sobre un tema personal, los girasoles de Van Gogh son amarillos, pero me sirvió como terapia, para una persona importante en mi vida, que consumía alcohol de manera excesiva, pensando en él, escribí estos versos, ciertamente tuvieron su efecto, de hacerle reaccionar frente a su mal de ese entonces”.

Aprovecho de su locuacidad, para establecer una analogía con un verso suyo, “Busco una canción/ Paul Mauriat silba con la voz de otro francés”, con no poca osadía me atrevo, “¿se puede silbar en quechua, Rosina?”, “sin duda”, aflora su rotundez, “como antropóloga he recorrido las culturas populares, he compartido el violín de Máximo Damian, el charango y la voz de Julio Humala, la voz y el sentimiento de Leo Casas, la guitarra de Raúl García-Zárate, ellos son la demostración que se puede silbar en quechua”. Entonces raudo voy a otro extraordinario verso suyo, “El amor y la dicha/ están donde moran los lirios”, inquiero, “¿dónde viven los lirios?”, su sublime encanto dona sus emociones, “en nuestro corazón, en las palabras del ser amado, en los ojos que amamos, en los silencios del amor, en las gaviotas que pasan, en la música, en la naturaleza, en las piedras, en nuestros muertos”.

Entonces cito un nuevo verso, “Obstinados que volvimos a construir puentes/ Dando vivas al Che, cantando Yesterday”, pregunto si puede existir compatibilidad entre las vivas y esa canción, la poeta es tajante, “¡por supuesto, que si!, pertenezco a una generación que se alimentó con las canciones de los Beatles, y claro!, se puede cantar Yesterday y la Internacional!”, cierto temor me cubre, pienso que la he enfadado; es cuando subo el volumen de lo que escucho, su inteligencia capta el mensaje, es Vivaldi, mi voz, solemnizada por su obra, le entrega, “El oro de tu piel se extingue en otoño/ Callan arañados en invierno/ Ojos radiantes se enlazan en primavera/ El follaje tirita rojo en verano/ Vivaldi en todas las estaciones/ Canta el violín/ Desde el alero me da serenatas/ Guiña un ojo y se descuelga/ Ay Antonio esta noche tu orquesta/ Enciende estrellas/ Y en el solar nuestra piel deshojada/ Y en el solar me desposas”. Sencillamente excepcional. Ella sonríe, sublime siempre.

Le pregunto por Dios, “nací atea, en un hogar ateo; como antropóloga, al recorrer ese Perú desconocido, decía a mis colaboradores, hay que rezar por si acaso”, ríe de su ocurrencia, “en mil novecientos noventa y uno, me hice creyente, pero hace algunos meses regresé al agnosticismo, porque la injusticia está presente, aunque reconozco que guardo algunos recuerdos de la Virgen de Guadalupe”. Pronuncio México, “es una pasión fuerte, que siento en mi vientre, en mis entrañas, es gran parte de mi vida, mi despertar, es nostalgia, cuando voy, estoy con los alumnos y a esos niños les devuelvo algo de lo mucho que me dio, México son escenas que regresan siempre a mi infancia, mi primera patria, allí viajo siempre”. Señala con marcado enternecimiento.

Expreso, Perú, “fue un asombro conocer Perú, era como una llave, porque me sentía mexicana, fue empezar de nuevo, no conocía nada, recuerdo que mi primera impresión fue, esto es tan pobre como me contaron, esos exiliados que se reunían en casa, en tertulias que llegaba hasta el despertar del nuevo día; pero amo al pueblo, a la gente que lucha, al Perú profundo”; cito a Odette y Milena, sus hijas, siento su suspiro, “Odette, nació cuando su padre Leoni Vélez, estaba preso en el Potao, todo el embarazo y sus primeros meses, los asumí sola, mi hogar era poco tradicional, porque Leoni viajaba mucho, los artistas suplían bien el papel de padre; en ese contexto ella ha desarrollado bien sus virtudes, en la actualidad es catedrática de ética política, es poeta, realiza talleres; sobre Milena, diré que es apasionada de la cultura afroperuana, comunicadora, fotógrafa que en la actualidad está exponiendo, también escribe, estoy contenta con ambas”. Reconoce con afecto maternal.

Es la hora de preguntar por Rosina Valcarcel, sonríe a mandibula batiente,“¡Ay Rosina!”, exclama para si misma, “es una gitana, querendona, luchadora, que va contra la corriente, auténtica y solidaria, que ama el mar y que reconoce que ha valido la pena vivir”, siento su silencio como un halo armónico en esta tarde -memorable para mi-; “¿Y la poesía, que es?”, vuelvo a mostrar mi osadía, regresan los suspiros de la mas grande poeta peruana, “es mi vida, es mi modo de vida, sino escribo estoy renegando, cuando escribo es como sentir un orgasmo espiritual, cuando no, estoy frustrada; la poesía es la prolongación de la vida y la concentración de lo mejor y lo peor del ser humano”.

Hemos pasado una hora dialogando, citando a Galeano, compartiendo pareceres y confesiones, encausando el fervor, ignorando la indiferencia, la imagino sentada con el auricular, agitando sus manos, dibujando gestos en su expresivo rostro; mientras tomo conciencia de la cátedra que ha sentado, es ella quien parte de un tajo mis cavilaciones, “Rolando, hay que escribir, pintar, danzar, conversar, todo ello nos eleva, el ser humano irá trascendiendo en la medida que haya paz, hay que exhortar a que la juventud, abrace ideales, que lea, que busque respuestas para sus incertidumbres”, concluye su sensible invitación.

Haré lo que usted alienta querida maestra, porque usted es poesía y arte lírico…pero antes iré a buscar donde moran los lirios, porque tiempo es, que el amor y la dicha retornen a mi corazón.

Fraternalmente.

R.

Milena

Milena

Ponencia en la Casa de la Literatura Peruana- 2011.