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Archive for 16 octubre 2013

EL POETA EN EL ARCA de daniel lagares.

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SUEÑO

a Carlos Urrutia

Mi sueño te corona de laureles Amigo del mar, del violín y de la historia

Somos polvo y cataratas Un pueblo acorralado Vencedor y vencido

La noche del mundo disipa las congojas ¿Hay otro árbol sigiloso?

Invariable, gema y fecundo

De tus ramas brota almíbar y nobles canciones milenarias

¿Quién enreda tu desajustada pureza?

Revelo tus ojos húmedos, mi Quijote Nuestro navío está sujeto con dos anclas de proa

Alejo las malas vibraciones y el mal viento Repentina antes de emprender el viaje

me desvanezco con cinco disparos.

Viernes, 4 octubre 2013.

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Cuento fantástico

HABITANTE DE LA NOCHE

Por Rosina Valcárcel

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Obra de Albert Joseph Pénot

El misterio se presentó como de costumbre al atardecer. Un grupo de latinoamericanos trotaban cerca del río Motagua, en Centroamérica, y súbito de un árbol frondoso saltaron una docena de murciélagos, la mayoría de los aventureros quedamos boquiabiertos. Los pecadores se alarmaron más y al llegarla noche prefirieron mantenerse despiertos orando.

Recordé el suceso del año 1966 en Sullana (Piura), tierra de mis ancestros. Íbamos andando contentos el ingenioso Eduardo, el agudo Juan Vicente y esta incauta gitana. Fue una tarde de octubre, estábamos muy cerca de la casa de los Requejo, en el instante menos esperado asomó una masa animal rozando nuestras cabezas. Pegué un grito de padre y señor mío. Casi desfallecí. Me explicaron que se trataba de un simple murciélago, y prestos me llevaron al hogar del amigo Requejo, donde sus familiares nos dieron de beber coctel de algarrobina,y luego café, acompañado de buñuelos de camote. No recuperé la calma pero me sentí acompañada.

Cuatro décadas después, a mediados del año 2011 estuve en Guatemala. La primera noche hacia las 7 p.m. sentí que mi tierna casa se escurría entre los dedos de mi mano derecha. La puerta con pestillo se movía, de golpe volvieron a aparecer aquellos animales con alas en las manos y revolotearon por la casa dejando un halo de consternación. Fuerte cosa es, me dije. El temor es ágil. Traté de espantarlos de formas colosales. Pero a menudo había uno que lograba meterse en el dormitorio. Justo llegaba a las once de la noche, merodeaba y se iba cual un fantasma. Me quitaba el sueño largas horas. Después aparecía una sombra, tal vez un ánima, a eso de las 4 o 5 de la mañana y amenazante daba vueltas alrededor de la habitación como si jugase a la ronda, hasta que temblorosa decidí hablarle en voz alta: “Quién eres, por qué me persigues, oraré por ti, déjame tranquila”. La bravura pesa como las piedras. Y, me puse la cobija sobre la cara, por si acaso, para no sentir su aletazo, así poder protegerme, respirar alivio y dormir un poco.

A continuación, muy ojerosa y pálida, opté por diversos métodos. Uno era dejar la luz prendida en la alcoba. Ello disminuía la posibilidad del ingreso del murciélago de obsidiana. No obstante, con luz su visita no era ocasional.
Tapé de diferentes maneras todos los accesos y ventanas a la casa, pero invariablemente tornaba uno. No sabía por qué las alas de los murciélagos tenían gran circulación sanguínea y un brillo raro.
Finalmente logré ubicar el sitio por donde se metía el habitante siniestro de la noche y lo cerré del todo.
Pero algunas noches sentía un espíritu caminar cerca, o quizá era el picotazo del predador o su aletazo sobre mi ventana para procurar entrar. No obstante, una vez logré que se fatigara tanto que desapareció del todo.

Cierto día mientras salía el sol resplandeciente, un canario jaspeado se acercó a la ventana, la arrimó con su piquito, leve tocó el vidrio, silbó y se fue en pos de la naturaleza viva. Antes se quedó unos minutos, quizá aguardando algún alimento, mas luego se fue ágilmente y se posó sobre plantas, mariposas y flores coloridas que rodean la huerta.

Hoy ha llegado una visita inesperada, es una vecina quien me invita a cenar, dudo un instante y luego acepto. Me alisto despacio, tomo unas frutas y las acomodo dentro de una cesta. A los treinta minutos ya estoy en la morada de Manuela Torres. Su casa es grande y sencilla, posee una tiendecita con yerbas medicinales y licores naturistas para todo tipo de enfermedad. Cenamos sopa de verduras  y pollo dorado con arroz y bebemos uno de sus licores. La plática fue amena, aunque me narró cuentos de su infancia algo pavorosos. Hacia las 10 de la noche me retiré agradecida y ansiosa.

Esa noche sucedió algo raro, denso, hubo sonidos nuevos, colores lejanos cubrían mi vivienda. Mas –pensé- como no hay acceso a los interiores, ya no pueden entrar.

Evoco el color gualdo de los canarios, su ligera melodía, su belleza diáfana. Sin embargo, no debo dejar abierta la ventana pues podrían reaparecer aquellos quirópteros.

Cuentan que los murciélagos están presentes en todos los continentes menos en la Antártida. Son los únicos mamíferos que se alimentan de insectos y frutas, capaces de volar. Por estas tierras, la tradición narra que el murciélago es un ratón, rata, o roedor al que le ha salido alas, pero no saben por qué, pero asimismo desarrollan un vital papel en la dispersión de semillas, muchas plantas tropicales dependen por completo de ellos. Lo que sí es cierto es que cuando enciendo la luz, totalmente, no llegan ni siquiera zancudos.

El lunes me quedé dormida antes de las doce de la noche. Había sido un día demasiado duro. Tuve dolor de cabeza, presión alta, taquicardia y pesadillas. Recibí una inaudita carta áspera y quedé muy afectada. Intuí que el diablo había entrado disfrazado. El infierno no tiene límites. Alcé una copa y brindé con Lucifer. Me desperté temprano, giré hacia la izquierda y sentí escalofríos. Bajo de la cama yacía una exótica mujer de piel canela, cabellos prietos, mordida, al parecer los dientes puntiagudos habían dejado huella en su cuello hermoso. A su lado, un murciélago azul la abrazaba, envenenado por la sangre de la muchacha.

Domingo-Lunes, 6-7 de octubre del 2013, Lima.

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