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Archive for 8 septiembre 2013

Árbol sin nombre (Lima, diciembre, 2010) [1]

Odette Amaranta por: Rosina Valcárcel

odette

Leonidas Vélez y yo embelesados leíamos Los cuadernos de Malte Laurids Brigge del checo Rilke. El 3 de Octubre de 1968 ocurre el Golpe Reformista Militar de Juan Velasco Alvarado. Los jóvenes protestan, entre ellos Leoni, quien es apresado en El Potao. Preñada de 8 meses y días lo visito durante su encierro. Nuestra hija Odette Amaranta nace en El Hogar de la madre ([2]) en Lima la mañana del 16 de octubre de ese año turbulento. Entonces los miembros de la generación del 70 loábamos a la Revolución Cubana, Los Black panthers, Los Chalchaleros, Jimi Hendrix, Santana, Simone de Beauvoir, GABO, Cortázar, Sábato, la defensa del amor libre, de los íconos, valores y ciertas experiencias del hippismo y feminismo. Con esos antecedentes, a los 8 años, Odette espontánea escribe sus primeros poemas inspirada no sólo en el mar, la arena, el horizonte, si no en el trabajo del carpintero, del trabajador que pintó las paredes de nuestra casa en Barranco. Y un cuento intenso, cuyo personaje central era su ebrio abuelo escritor cuya vida absurda se torna en canto a la humanidad. Aquello textos se extraviaron junto a otras joyas que atesorábamos. Odette aún niña nos acompaña a mítines en defensa de la libertad y justicia. Una vez leyó un poema de Javier Heraud al lado de Dalmacia Ruiz Rosas y de Roger Santivañez. Otra vez en el hospital psiquiátrico Víctor Larco Herrera [3] en un Día de la Madre. Al volver a casa, ella tierna y aguda dijo: “Mamá que sitio más gris, pobre gente, tu corazón es grande, pero mejor no me vuelvas a llevar, esta noche tendré pesadillas”. Tenía razón. En su libro Árbol sin nombre evoca: “Nací en una familia de poetas. Mis primeros versos fueron publicados en revistas, plaquetas y libros entre los años 1986 y 1994. Luego emprendí una larga retirada. Veinticuatro años después nace Árbol sin nombre, constelación de poemas que fue tomando forma desde entonces, sensaciones que fueron sucediendo, se hicieron espacio, insistieron y se transformaron en palabras a través mío, a pesar mío…presencias misteriosas…manifestaciones incomprensibles…sonidos antiguos…movimientos e imágenes que me invitan a esperar, a recibir y a escribir”.
Árbol sin nombre
Árbol sin nombre, es un poemario peculiar escrito por una mujer de la última época. Formalmente se agita dentro de la tradición, sin embargo aquí y allá surgen imágenes extraordinarias o descarnadas. Escrito sin mayores pretensiones, acaso inicialmente como algo lúdico, deviene en algo resplandeciente y firme, apasionado y puro. A veces gira en torno a lo inefable Quizá todos los poemas no alcancen similar perfección. Pero, la poesía de Odette Amaranta es de un intenso lirismo genuino, a veces sobrio y trascendente, que deja huella.
Veamos el texto “Delirante” (leyendo a Arturo Corcuera):
Espejos y bosques ardientes/ navega delirante// divina suerte de animal/ juega entre las aguas// manso/ despliega inmenso sus alas/ rosas/ guaridas en el mar/ advierto apenas su imagen distraída/ pasos recónditos/ inconfundible canto. (p.16)
Ella evita las palabras asombrosas y prefiere las usuales como su ícono Jorge Luis Borges. Casi sin dar el rostro la autora invisible danza con los colores habituales logrando fustigar al lector (a): Veamos el representativo poema de su agitada adolescencia “Julieta”:
Discorde y soterrada la desdicha/// nunca juncos/ lirios// ni remansos// solo señales quebrándose en un lienzo// la boca seca/ el fémur entreabierto// y llegaste temprano al barniz de la ciudad/ a los albores frígidos/ detrás de las cenizas// qué casualidad Julieta/ tú buscando el río y yo la orilla/ hoy que la locura recorre el reverso de tu faz. (p.18)
En su alquimia hay un juego de oposición y vínculo, de negación y afirmación, de tensión y fluidez, de infierno y cielo aquí en la tierra, es una loa al dolor y a la belleza de una mujer-joven al horizonte de todas-todos.
Leamos el poema “Hoja” no exento de escepticismo:
día que pasa/ hoja que cae/ silencio creciente/ rebalsando a mis pies (p. 22)
La autora, a menudo, es mediadora del prójimo a través de sí misma. El poemario es una afirmación de la ternura, ejemplo texto “Amo”:
amo el perfil de tus zapatos/ al borde de la cama (p.33).
También percibimos un fino erotismo, la posibilidad de la alegría, el canto a la naturaleza, a pesar de todo. Veamos: “En otra tierra”:
En otra tierra/ tu cuerpo sucumbe sobre el mío/ arrastra sal/ se desliza/ late a la velocidad de las estrellas (p.25)
Entre los textos irónicos, destaca “A la volada”:
A la volada/ bajas el perfil/ y contemplo desde allí/ la creación divina// hombres y mujeres evangélicos/ sometidos a la herejía de su santidad// leo la biblia/ y trato de ser santa/ casta ente las doncellas/ mas no alcanzo a tragar mi saliva// esfuerzo intempestivo por ser la Virgen María// en vano (p.26)
En el poema “Vaca” hay candidez e ingenio que refrescan:
Una vaca pasea en mi jardín / vaporosa/ masca y masca / tu cola de lana se menea con candor// ¿qué haces vaca en mi jardín? (p. 43)
Un poema perfecto, ácido y redondo es “Violeta” (inspirado en la larga enfermedad de la abuela materna):
Dejaste de ser / (o no te veo) // rojo sobre azul/ te has ido// laten tus huesos/ y no te reconozco// reina otro tiempo// miserable reminiscencia/ (o es ingrata la vejez)// has muerto con él / (o él contigo) // te he buscado y no te hallé// solo un raudal de fotografías/ y el desierto de Sechura// reposa tu nariz en mi silueta// confieso mi desdicha
Texto descarnado, donde el amor-desamor y lo cotidiano se entremezclan con acierto.
“Los Rosales” conduce al hablante lírico a la apelación constante de un pasado evocador de sentimientos y vivencias que nutrirán este poema y parte de la producción poética del libro en mención. Aquí se pintan recuerdos de la infancia, el clima cultural de los años ’70, el sentimiento de soledad, el pánico nocturno por “los insectos que imagina”, la alusión a la “soda cáustica” con que se quema y le deja huella (pero su tierna pierna es salvada por la intervención paterna), el calor de Aquila, la muchacha de Cerro de Pasco que cuidó de modo intermitente, el poema de Heraud como una señal y la figura paradigmática del Che.
valses y zambas argentinas/ anido a contraluz// aprendo a usar el tocadiscos para escuchar a Piero// el Che y Javier Heraud/ brillan entre muebles de paja/
(sucede
simplemente
que no tengo miedo
de morir
entre pájaros
y árboles)//
me quedo sola una vez más// mi bacinica deambula entre los cuartos/ las cortinas verdes me asustan/ y veo arañas en medio de la noche// revolución caliente vienen a vender/ y tengo miedo/ aunque Aquila vigile mis sueños// soda cáustica/ deja una huella/ pero papá me salva del ojo en el ají (p.46)

Leamos el texto “Barranco”: Aquí, con sencillez, se describen el lugar, los sujetos, los animales exóticos, el paisaje, los amados libros y eterno el mar.

Malecón Osma 699/ Billinghurst habita el mar de mi ventana//
mono iguana y halcón hospedan los vecinos/
debajo los tintilocos juegan a no entender//
cómo me gusta esa escalera larga y polvorienta//
naranja y verde nuestra casa relincha/ vaga niebla asoma entre los libros/
y nuestra mesa es una puerta para desayunar//
esta es mi morada/los Monsters pueden visitarla//
vivo en un barranco/ entre puertas de madera/ rostro al mar (p.47)

En el poema “Evocaciones”: hay tensión dramática, es un diálogo humanista y crudo con el padre, quien de niño sobrevive fuera de Lima, en medio de la pobreza, escasez, carencias, a causa de las persecuciones e ideales de su familia aprista. Paradójicamente la autora anota:
”y yo me anudo entre los muertos del Frontón”, en visible alusión a la masacre de penales ocurrida en junio de 1986 [4]y desafía…”pero no quiero ganarte la partida de ajedrez”, prefiere quedarse con la música que compone o recrea su progenitor.

Tingo María y su selva sin escuela reinan tu rostro

deja, deja la razón/
abre, abre el corazón//

los zapatos de tu hermano son más grandes/
en tus pies// el rocoto y la nata no me gustan todavía/
pero quién sabe luego// mi gato se confunde en el dintel de la puerta/
y yo me anudo entre los muertos del Frontón// tus lágrimas escondidas/
lágrimas al fin//
el cielo siempre será nuestro techo// la filosofía visita nuestros parques/
pero no quiero ganarte la partida de ajedrez//
acaso tu guitarra/ el mejor de los recuerdos (p.48)

En el texto “La sombra”, a través de alusiones a personajes míticos la autora se involucra no sólo con la experiencia amatoria, ni con lo que ocurre en Perú, si no con lo que sucede en el mundo. Aquí confirma una vocación por la libertad y la vida. Por el canto y la luz.

en Kurdistán las tortugas también saben volar/ vuelan alto y a pedazos /
en una pesadilla //
Satélite sujeta el hilo de Ariadna/
Agrim sangra, arde y se despoja en el precipicio//
bastarda es la guerra// Teseo mata al minotauro en su propio laberinto/
y el niño sin brazos recoge minas con la boca//
Kurdistán/ perdóname la vida// quiero clarear el día/ oscurece dentro de mí (p. 49)

El poema “m2”, es un texto abstracto, kafkiano, que pinta e ironiza el juego enajenado-capitalista de la venta-compra:

divide y reina/ el metro cuadrado// oronda cuadrícula infinita/ medido está el mundo/
(aunque no justo)// atiborrado transita/
etéreo/ sutil/
metros cuadrados vienen a ofrecer/ pero cuadrada no es la planta de mis pies//
pasos zigzagueantes/
perdidos/
como sabuesos/
andan/
¿dónde el metro cuadrado es?// curvo lo advierto todavía/
como redondas/ las moléculas
circundan mis milímetros (p. 50)

Como si apelara a lo esencial, a lo esencial de nuestra condición, la autora traza en breves líneas un poema-eclipse que nos conmueve: “Domingo”:

no son estos los Campos Elíseos/ que juntas hubiéramos querido recorrer //
solo un abismo/ profundo de abril/ en que arde la mañana (p. 53)

La poesía para la autora es una actividad del espíritu. Su opción feminista se expresa invirtiendo la realidad mediante el sobrecogedor poema “Orfeo. Rompe el marco de la lógica patriarcal. Así concluye, abandona al sujeto amado y al lector, no obstante queda la esperanza de la resurrección futura.

como Orfeo/ quiero tocar mi lira/ y al borde del infierno/
resucitarte (p. 55)
De su alforja salió esta imaginería no exenta de cierta tristeza. La poesía de Odette aviva nuestra fantasía e inteligencia: ¿Árbol sin nombre? ¡Qué título! nos deja la sensación de una nueva voz rebelde que no se sabe de dónde viene, tal vez del azar o de los antepasados, pero sí intuimos adónde va. ¡Congratulaciones a la autora, al editor y a la diagramadora!

arbol sin nombre

[1] Editor Carlos Carnero Figuerola. Diagramación: Camila Bustamante. Portada: óleo de Pilar Sousa
[2] Clínica ubicada en Miraflores.
[3] Llamado El Manicomio.
[4] bajo el primer gobierno de Alan García.

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