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Archive for 11 diciembre 2011

ENTREVISTA

CARLOS MENESES SOBRE MARIO VARGAS LLOSA

Rosina Valcárcel

Dramaturgo, novelista, cuentista y poeta. Premio Nacional de Teatro del Perú, en 1958, por “La Noticia”. Radica en Europa desde 1963. Con “Edén moderno” ganó el premio Blasco Ibáñez de novela, convocado por la Municipalidad de Valencia en 2002. Miembro dela Generación del ‘50. Especialista en Borges, Darío, Vallejo y Oquendo de Amat. Autor de “Tránsito de Oquendo de Amat”, el libro más significativo sobre Oquendo, y el descubridor de los primeros poemas de Jorge Luis Borges, escritos justamente en Palma de Mallorca, desparramados en revistas y desconocidos por editores. Borges sabía de la existencia de esos poemas pero no quería que se hicieran públicos. Nuestra amistad es joven. Nos escribimos cartas cuatro veces a la semana.

RV: El hecho de que el escritor Mario Vargas Llosa haya sido honrado con el Premio Nobel de la Literatura últimamente ha creado una gran discusión en diversos espacios, particularmente, en Lima. En el ardor de la controversia se han afrontado varios aspectos: la calidad literaria del escritor, la flexibilidad con la que se conceden esos distintivos, la circunstancia en la que ese Premio fuera otorgado, y las concepciones políticas del autor en cuestión. Nos interesa conocer tus impresiones, pensamientos al respecto.
 
¿Qué libros de Mario Vargas Llosa te parecen los mejores? ¿Por qué? ¿Podrías desarrollar algún planteamiento?
El estilo…qué sientes frente al estilo vargasllosiano? ¿Por qué ha suscitado cierto debate también?
¿Cuál es el aporte central de MVLL  a la literatura nacional?
¿Qué papel ha jugado MVLL en el escenario nacional durante los últimos años?
¿Por qué el laurel de MVLL ha suscitado tanta polémica, incluso en tonos exagerados, algo dogmáticos o sectarios tildándolo de “bipolar” o “peligroso profesional titiritero”, por ejemplo, de un lado; y de otro, tonos muy halagadores que tratan de tornar la figura de MVLL en una suerte de “paradigma” apolítico cuando sabemos que no lo es, así exactamente?
 
¿Con relación a Vargas Llosa y  los problemas de nuestro tiempo, crees que haya una estrategia del Imperio, y un manejo que se hace de su imagen en el escenario actual?

 CM: 1.-  Creo que es necesario separar la obra del hombre. El narrador es uno y la persona es otro. Desde luego que en muchos casos el hombre y el autor es el mismo, porque uno invade el trabajo del otro. Creo que eso no ocurre con Mario, sobre todo en los 3 o 4 primeros títulos publicados. El Nobel lo merecen esos 3 o 4 títulos. Ha sido un premio al pasado de Vargas Llosa.

 

 2.- Para mí los mejores son: “La ciudad y los perros”, donde lo fundamental es la denuncia sobre el comportamiento en los colegios militares peruanos, y una visión muy precisa  sobrela Limade los años ‘40 y ‘50. “La Casa Verde”, donde el autor desarrolla una excelente técnica novelística. Se aleja de la capital y sus escenarios son Piura y la selva amazónica. “Conversación enla Catedral”, que es el enfoque de los rincones oscuros de Lima. Sus pobrezas y mucho de lo que queda oculto a los ojos de la mayoría. La hipocresía  burguesa y las grandes diferencias sociales y económicas una de las lacras peruanas. Y desde luego tras muchos títulos y años, “La fiesta del Chivo” en la que se combinan una acerada crítica a la figura del dictador (ya había trabajado ese tema en “Conversación enla Catedral” pero no tan directa y extensamente como en esta historia) y una depurada técnica que da relieve a toda la novela.

 

 3.-  Para mí hay dos cosas que pueden determinar debate. Su comportamiento político, y algunas de sus novelas como “Lituma en los Andes”; “Travesuras de la niña mala” o “Los cuadernos de don Rigoberto”, estas dos últimas por su simplismo que la lleva a paso acelerado hacia el terreno de la frivolidad. En cuanto a la primera, enfoca un tema que muchos han seguido después, el de la guerra con Sendero. La visión de Mario no ha convencido en muchos sectores. No sé si la pregunta sobre el estilo afecta directamente a la prosa, algo que me parece más que correcto.

 

 4.- Evidentemente hay un gran aporte a nuestra narrativa. No sólo en cuanto a calidad en la prosa, en la elección de personajes o en los temas seleccionados. También, y me estoy refiriendo a los 3 primeros títulos ya mencionados, a la denuncia que se diluye en su obra posterior.  Aunque por rumbos diferentes a Alegría o a Arguedas, sus novelas que muestran una gran fortaleza arrancan antifaces, biombos, y todo cuanto estaba oculto, como los prejuicios raciales o el desprecio de la alta burguesía hacia los estratos sociales modestos. Aunque se le critica que en algunas ocasiones haya mal utilizado gente de escaso o nulo poder económico sin defenderla con claridad de los embates de las clases altas.

5,-  Como intelectual Mario ha cumplido con una excelente trayectoria, sobre todo en Europa. No han gozado del aplauso que sí ha tenido el intelectual, el hombre de letras, sus directas participaciones en hechos políticos, tanto peruanos como extranjeros. Como muestra: sus opiniones sobre la guerra de Irak o su visión de lo que podría ser nuestra selva amazónica explotada por el capital.

 6,- Es evidente que se está opinando todavía sin el necesario sosiego que debe imperar cuando se hace crítica. Hay quienes envuelven su figura, no sólo la de escritor, si no la de persona y su trayectoria, en una bandera de ditirambos. Creo que es exagerado. Hay que ser más ecuánimes. Y las críticas duras no son tanto a la obra cuanto sí al hombre con ideas políticas. Creo que Mario ya no podría escribir como en su primera etapa y produjo esos títulos tan comentados. Su visión de la vida, del mundo, ha cambiado. Situemos el punto de partida de ese cambio en el caso Padilla.

  7.- No me atrevo a ser rotundo en el sentido o la intención de la pregunta. Creo o quiero creer que se trata de coincidencias. Vargas LL. tiene una opinión, un pensamiento determinado y ese pensamiento coincide con lo que, como  señala la pregunta, el Imperio.

 
 

 

 

 

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Giovanna Mirardi, Universidad de Palermo

Abstract

Cuando de niños recogíamos dátiles en lo alto/ de las palmeras/ Sin comprender totalmente la palabra patria/En el exilio, ¿te acuerdas, Xavier? …” (de México, en Una mujer canta en medio del caos, Lima, 1991, pag. 41). Rosina Valcárcel dedica estos versos a México, país donde su padre, el famoso poeta Gustavo Valcárcel, ha vivido exiliado durante siete años (1950-56), y al que Rosina guarda un profundo y sincero afecto. Nuestra breve presentación de la obra poética de Rosina Valcárcel quiere ser, pues, un homenaje a la poesía femenina peniana, que tiene en Rosina una de sus mayores representantes, e indirectamente a la tierra mexicana, que tan generosamente ha brindado protección a miles de intelectuales exiliados de todas partes del mundo.

We present here an analysis of Rosina Valcarcel ‘s poetic process. This Peruvian poetries first book paths in de wood follows the tradition of mystic poetry in Vessels she explicit a thematic concerning the body. And in A woman sing amidst coos she archives a subtitle equilibrium between the erotic and the social. She also outlines that words protect from alienation

Texto Completo: http://148.206.53.230/revistasuam/iztapalapa/include/getdoc.php?id=484&article=487&mode=pdf

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¡Regresó! Rosina Valcárcel

de Martha Meier M.Q.

¡Regresó! Rosina Valcárcel (Lima, 1947) –una de las poetas más representativas de la generación del ‘70- vuelve con “Naturaleza Viva”. El maestro Antonio Cornejo Polar estaba seguro de que si Rosina no existiera “hubiéramos tenido que inventarla”. Así lo recuerda Sandro Chiri en la presentación de este libro, donde Valcárcel  recorre su propia historia, sus recuerdos, sus deseos, su esencia de mujer, de madre, y sus miedos que confluyen en el desamor ¿o en el miedo al amor? “No hemos hablado Aramis / Solo somos una pompa de jabón/Una daga que me ahoga/…/” o “Destruiste las ramas de las moras que sembramos/Al mediodía cuando la flor dorada abrió su mano/Te quitaste el traje y descubrí tus espinas/…/. Antropóloga, periodista, feminista, socialista, comprometida con su tiempo e infatigable luchadora por la justicia social, Rosina es ante todo poeta. Y sobre este arte ha dicho “La poesía no puede definirse. Es a la vez vida y amor, crisis y liberación. Fundamentalmente, es un medio de acción, un ir siempre hacia delante”. Y adelante va ella “cósmica y de pie/entre fontanas y caracolas/…/” MMMQ

El Comercio,  Sábado, 13 de agosto de 2011

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La década del ‘60 se bautiza con un suceso cultural de gran significación: El viaje de Javier Heraud, poemario que alcanza el primer lugar, conjuntamente con Poemas bajo tierra de César Calvo en el concurso El Poeta Joven del Perú, convocado por la revista Cuadernos Trimestrales de Poesía de Trujillo. En 1961 escribe Estación reunida. En 1963, con el seudónimo del El Leñador, obtiene póstumamente el primer premio de poesía en los Juegos Florales convocados por la Federación Universitaria de San Marcos. El jurados lo integraron Javier Sologuren, Washington Delgado, Gustavo Valcárcel, Edgardo Perez Luna y Arturo Corcuera.

 

¿Quién es este bardo joven que encandila con su poesía de versos breves y abundantes verbos? Sin saberlo, con delectación de artista, Javier moldea un estilo que trata de acercarse al ambiente de la época. Sus vocablos fértiles denotan eso y, cuando intuye la miseria, la imposibilidad del lenguaje para aprehender tanta vida, el poeta exclama:

Ah embarcación tonta / y muerta / nada pude hacer contigo / sólo destruirte para siempre.

¡Qué cercano a Rimbaud!, quien –joven como él-, descubrió la ambigua omnipotencia del lenguaje. Sin embargo, Javier consciente de su historicidad, habitante de una “nación en formación” va más allá erigiéndose pregonero de la solidaridad humana. Por ello “su viaje” culmina en el reencuentro del hombre con su tierra y el resto de los humanos.

Miraflorino, nace a las tres de la mañana del 19 de enero de 1942. Su infancia –ese enorme caudal subjetivo que todos sobrellevamos- transita en el seno de una familia de clase media, esmerada en educarlo dentro de una concepción del mundo que parecía quieta y eterna. No crece infeliz ni desconfiado. Más bien con la seguridad que dispensan una cultura y ambiente armoniosos. Javier en la adolescencia era realmente un muchacho citadino. La evocación de su hermana Cecilia, muestra una relación familiar estable y tierna:

«Solíamos oír música en el viejo radio de tubos de los años ‘40. En él compartíamos las radionovelas que escuchábamos a escondidas de nuestro padre o las increíbles aventuras de Poncho Negro (“el invencible caballero / con su fuerte brazo y noble corazón, / corre el mundo destruyendo justiciero, / la codicia, la maldad y la traición”)… Gustábamos de la música de la época y pasábamos horas entrenando pasos de rock. Me parece ver a Javier imitando, en medio de la sala de la casa, a Elvis Presley o haciéndome pasar en ambicioso paso entre sus enormes piernas abiertas. Escuchábamos a Bill Halley y sus cometas o a Javier Pérez Prado y sus mambos (decían que la iglesia excomulgaba a quienes lo bailaban)… ».

Tuve la suerte de ver a Javier en tres ocasiones, dos en San Eugenio muy temprano, platicando con mis padres alrededor de una tacita de café, ahí sólo pude saludarle a lo lejos; no imaginé que estuvieran hablando de política. Luego el 9 de abril de 1962, en Santa Beatríz, cuando mi prima Moza Rospigliosi, cumplió 18 años y César Calvo la cortejaba. Asistieron el autor de Ausencias y retardos; Paco Bendezú, Hernán Cortéz, Tomás Escajadillo, Javier Heraud y esta alumna, uniformada. Saboreamos un lonche limeño y una breve conversa. yo me senté a su lado, él me preguntó si me gustaban las fiestas; no sé porqué se me ocurrió decirle que no; quizá como gesto adolescente. Javier sonriente y cómplice me confesó que a él tampoco le agradaban mucho. Por cierto exageró.

También se palpa una intuitiva adhesión y respeto por los derechos humanos:

“Recuerda que tú nos hiciste honrados y reclamar la justicia” le escribía a su padre desde Cuba. Este marco de cariño familiar atraviesa la poesía de Javier, y no es ajeno a su inclinación por la gesta guerrillera. En su última misiva anota: “Me voy a la guerra por amor, por amor a mi padre y sus durezas, por amor a mi madre y su ternura, por amor a mi patria …”

Esa sensibilidad natural de Javier, cultivada en el colegio y en su hogar, enervaría en él esas antenas invisibles que tienen los poetas para otear la vida, y le advertían que “afuera”, en el mundo, algo se estaba derrumbando. Con la huella de siglos de explotación y oprobio los comuneros de los Andes empezaron a exigir el derecho a la tierra. La red de dominación rigurosamente estratificada –que partía desde los grandes intereses internacionales y llegaba hasta el último indio a través de los hacendados y la burguesía nativa- empezaba a mostrar evidentes signos de agotamiento. Mientras, Javier escribía: “No derrumben mi vieja casa …”. Pero los acontecimientos estaban cargados de violencia. Desde el destierro, por la dictadura de Odría, “los poetas del pueblo”, en su nueva filiación marxista (antes aprista) admiten ya, como Schopenhauer, que la historia se revela en toda su dignidad cuando el hombre ha hecho que estalle en su corazón la voluntad de poder. Pero estos escritores, fuertemente influidos aún por Vallejo, habían madurado demasiado para recurrir a la acción (excepción de los exiliados o perseguidos) y para tocar, con ella, el universo: exigían tan sólo devorarlo entero y crudo con los ojos de la poesía.

Javier estudiaba Literatura enla Universidad Católica.Su hermana Cecilia anota: “recibía presiones en casa para que estudiara Derecho. Al principio acepta, se matricula enla Facultadde Derecho dela Universidad NacionalMayor de San Marcos y comienza a frecuentar la casona del Parque Universitario. Amplía su círculo de amigos poetas con los que empieza a compartir una serie de actividades. Conoce ahí a Arturo Corcuera, César Calvo, Mario Razzeto, Reynaldo Naranjo, Pedro Gori, Rodolfo Hinostroza, Marco Olivera Alcántara”.

Y viene el deslumbramiento: la revolución cubana y con ella Fidel, Camilo, el Che. Una necesidad de cambio estalla en el espíritu de Javier y sus coetáneos se sienten en medio de un huracán que los empuja cada vez con más fuerza, más allá de sus voluntades. Por ello sus recitales trascienden el acto poético y se cristalizan en actos políticos. Un compañero de combate, Pedro Morote, revive:

“Los jóvenes poetas junto con la dirigencia del FER sanmarquino, estaban a la vanguardia de las movilizaciones obreras y estudiantiles de aquellos agitados años de las postrimerías del segundo gobierno de Manuel Prado. Quien esto escribe, recuerda aún a los poetas, entre ellos a Heraud, Corcuera y Calvo, enfrentados a golpes en el atrio de la iglesia de San Francisco”.

Heraud con una lucidez privilegiada, (era realmente brillante, había ingresado ala Universidad Católicaa los dieciséis años y con el primer puesto) explora estilo y temas literarios propios. ¿No es acaso el río la necesidad de afianzar el movimiento, de crecer, la búsqueda de las nuevas aguas líricas que desemboquen en el canto luminoso? La soledad y los pasajes fantasmales de Machado, tan caros a Javier, darían paso a una fiesta de palabras en la que “los árboles cantan con su corazón de pájaro”. Es ahí, por la faz del optimismo que entiende que escribir no es alejarse de la vida para contemplar desde un mundo en reposo las escenas platónicas y el arquetipo de la belleza, ni dejarse penetrar por las palabras desconocidas –como espadas- que nos cercan por detrás, sino es ejercer un oficio, como bellamente lo señalan estos versos de su Arte Poética:

(…) Pero conforme pasa el tiempo / y los años se filtran entre las sienes, / la poesía se va haciendo / trabajo de alfarero, / arcilla que se cuece entre las manos / arcilla que moldean fuegos rápidos …

¿Se es lo que se hace? ¿Uno mismo se puede hacer en esta sociedad donde el trabajo está enajenado? ¿Qué hacer, qué finalidad elegir hoy?, ¿Y cómo hacerlo, con qué instrumentos? ¿Cuáles son las relaciones del fin y los medios en una sociedad basada en dominación y violencia? Estas preguntas, sartreanas por esencia, hallan en Javier la única respuesta posible: el compromiso …

Y la poesía es / un relámpago maravilloso, / una lluvia de palabras silenciosas, / un bosque de latidos y esperanzas, / el canto de los pueblos oprimidos, / el nuevo canto de los pueblos liberados …

A propósito Héctor Béjar, compañero de armas de Javier, da este testimonio:

“Yo creo que Javier es un caso extraordinario en el que la poesía y la revolución se entrecruzan con una fuerza inédita en nuestra historia Javier siguió escribiendo incluso en la guerrilla (…) Es evidente que también su poesía, acusa una evolución que desgraciadamente no es muy conocida porque gran número de sus poemas se perdieron con su muerte. Pero, creo que él, aunque sea difícil decir esto, y siempre es tan riesgoso decir lo que ha podido pensar –de alguien que ha muerto–, había decidido ser sobre todo un combatiente, un revolucionario. Esa era su actitud (…)”

Paralelamente, Julio Dagnino sostiene: “DeLa Habanaa Bolivia habíamos viajado por diferentes rutas para lograr nuestra finalidad de entrar armados al país. Con Javier Heraud me vi nuevamente enLa Paz. Noscruzamos sin dirigirnos la palabra pues viajábamos clandestinos. Cuando surcábamos el río Chapare, en Cochabamba, nos volvimos a ver; a propósito de un círculo que se organizó con él, Héctor Béjar, Abraham Lama (“Junco”) y yo. En las orillas del río, entre otros puntos, tratamos sobre el realismo socialista y la presencia canónica de Joyce y Proust. En ese debate Javier, que era muchos años menor que nosotros, destacó. La forma de plantear el problema y el desarrollo no esquemático que le dio al papel de la literatura en el proceso de la revolución socialista fue convincente en el círculo que se caracterizaba por su posición crítica a los sesgos que entonces iba tomando el realismo socialista.

Escuchemos, la “Explicación” de Javier:

Antes hablé del río y las montañas, / canté al otoño, al invierno, / maldije al verano y a sus ritos. / Hablé, paseé, pisé otras tierras, / dije paz en Moscú, en plazas, / en calles y puentes. / Hoy hago otra cosa / (…) Un día conocí a Cuba / conocí su relámpago de furor (…) Y recordé mi triste patria, mi pueblo amordazado, / sus tristes niños (…) Triste Perú, dijimos, aún es tiempo, de recuperar la primavera … Se acabarán, dijimos, las fiestas / palaciegas para los menos / y las mesas sin comida / y con hambre.

Cuando treinta balas dum-dum lo atraviesan, entre pájaros y árboles, Javier hace estallar en mil pedazos la torre de cristal en la que hubieran deseado seguir refugiados muchos intelectuales. La época exigía no sólo lugar al incendio con la palabra. Por ello Javier Heraud se constituye en una respuesta ideológica, cultural y política frente a la inoperancia del desarrollismo y al fracaso de la burguesía nacional.

En la carta dirigida a Arturo Corcuera, desde París, le comenta su lectura de Marx y Lenin y su asombro: él era ya, antes de revisarlos, “marxista, leninista”. Javier nos permite entender no sólo el rol de la violencia revolucionaria, sino el significado de la década del sesenta en la historia peruana contemporánea y en la historia general de nuestro país. Desde su trinchera, él nos muestra, lo que a tientas sospechábamos: en el Perú, también la poesía –ese bastión inaccesible de la imaginación-, nunca había sido pura. El más puro de todos, Eguren, estaba lleno de mundo. Su cercanía a Mariátegui influyó en ello. Y están también Melgar, Oquendo, Vallejo.

El gesto de Heraud, asumido con plena responsabilidad y que expresa una adhesión al mito revolucionario de la época, da un valor histórico a su bella existencia. Lo convierte en el paradigma de la generación del ‘60. El mérito de Javier es que siendo fruto de su tiempo, trastrueca su historicidad, influyendo y proyectándose en el continente. Elevando la escritura, creando canales de expresión inéditos en nuestra literatura, superando el divorcio entre lo puro y lo social, aperturando la reinserción progresiva del lenguaje en la historia social. Los límites del lenguaje fueron revisados por él en el monte. Y aunque Javier cayera, su mensaje, signado por la fe y la esperanza, ha convulsionado a todos sus contemporáneos.

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