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Archive for 28 noviembre 2011

Enrique Sánchez Hernani 

La poeta norteamericana Silvia Plath escribía desde el dolor.

La argentina Alejandra Pizarnik lo hacía desde su gran desconcierto

frente al mundo material. Marianne Moore prefería hacerlo desde

el descubrimiento. Pero Rosina Valcárcel, en cambio, lo hace desde el

regocijo. Rara condición para una poeta, cuya imagen habitual es la

sensibilidad frente a la exclusión, por su doble condición de mujer y

creadora, diamante en un mundo hostil.

Resulta extraño que Rosina haya podido escribir como lo hace en

Diario de talismanes, un libro bellamente editado que reúne prosas

y crónicas sobre otros poetas y artistas. Más todavía si  consideramos

que desde niña sufrió el exilio de su padre en México y la vida agraz

que se les reserva a los creadores en un país como el Perú, donde a

todos los poetas se les ama pero luego de muertos.

El libro es doblemente agradable, no sólo a causa de la buena prosa

con la cual ha sido construido sino, también, porque la autora vuelca

el background que su familia depositó en ella, una pequeña poeta en

un mundo de artistas y escritores. No todos en su generación han

compartido un lonche familiar con Javier Heraud o tomado un café

con la mítica María Emilia Cornejo. Esa carga testimonial es la que

enriquece sus escritos y la  propia aproximación de Rosina a los

entrevistados de su Diario

A pesar de los breves que son los retratos que ella realiza en el libro,

nunca mejor dicho aquello que de lo bueno poco, por intenso, por

bien anotado. Quienquiera que desee acercarse a la imagen real de

los confrontados por Rosina, tendrá que consultar ahora este libro,

pues por sus páginas deambulan los seres reales que ella retrata tan

bien, lejos de las mitificaciones y los añadidos que la fantasía añade

desde la distancia y el tiempo.

La Primera, 26 de octubre de 2005, p. 17

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Jorge Nájar

Ahora ya son pocos los libros que me dejan con la sensación de haber saboreado un buen plato de la exquisita cocina peruana, frente al mar, al tiempo que se conversa con amigos a lo largo de toda una tarde hasta que cae la noche y sale la luna. Pero eso es lo que me acaba de ocurrir con Diario de Talismanes, de Rosina Valcárcel. Pese a su título el libro es y no es al mismo tiempo un diario en sentido estricto, es decir la relación o relato íntimo de lo que le ocurre al protagonista cada día. Así lo concibieron la grandeza de Pessoa y Pavese, por ejemplo. Y en ese sentido, tanto El libro del desasosiego del portugués como El oficio de vivir del italiano están marcados por confesiones cotidianas y por la dimensión trágica de un desgarramiento artístico tan íntimo que llegan casi a borrar el trasfondo social e histórico dentro del que se mueven. Diario de talismanes también está habitado de ese componente y el desgarramiento está marcado por las mismas y otras pautas, en el sentido de que cierto pudor evita la autoflagelación para ceder la palabra a sus protagonistas y conseguir así trascenderse para recrear una atmósfera en el que se siente a la poeta, la antropóloga, la periodista, la mujer militante dentro de una sociedad sacudida por múltiples conflictos. Su caso no es pues de un acendrado individualismo en medio de un universo plagado de confusiones.

Pero no nos equivoquemos. No se trata de un libro más de cualquier periodista con problemas de autoestima y que, para consolidarse, reúne sus crónicas y da a luz un volumen entre tantos otros. Tampoco se trata de un objeto de estudio creado por una especialista en el tema del Perú. Su caso es más grande. Se notan las flaquezas del periodismo, pero entre esas fisuras surge lo más interesante de esas páginas, la pasión y el retrato de una sociedad que se busca un destino entre los enigmas de la existencia. Y eso se ve de entrada también en el título del libro: talismanes, esos objetos a los que ciertos creyentes en hechizos y brujerías atribuyen virtudes o poderes sobrenaturales para protegerse del mundo exterior, de los otros, de quienes nos rodean. ¿Habita una mentalidad mágica en el cerebro de la autora? ¿Cuáles son sus talismanes en su caso?

La aventura del libro se abre con una entrevista a Juan Gonzalo Rose en el limeñísimo bar El Cordano. De entrada somos trasladados a 1966, segundo año de existencia de la revista Kachkanirajmi, publicación creada y dirigida por la misma Valcárcel al amparo de las orientaciones de José María Arguedas. Inmediatamente después pasamos a una conversación con Blanca Varela inicialmente publicada en 1997 en la revista Casa de Cartón. Así, cediendo la palabra a sus “talismanes”, ha marcado el escenario, el tiempo y los protagonistas que entran en acción a lo largo de sus casi trescientas paginas en las que asistimos a un entramado de aventuras compuesta por más de ochenta crónicas sobre poetas, intelectuales y artistas peruanos o relacionados con ese universo de un país convulsionado. Entre un episodio y otro, en pinceladas muy bien dosificadas, asistimos a la reconstrucción del entorno familiar de la autora, los orígenes sociales, el ambiente político de la dictadura que expulsó a su padre del país, la vida en el exilio mexicano, el regreso ala Lima de los años cincuenta, la escolaridad, la nueva ola, los años de estudio de antropología en la casa sanmarquina, la vida bohemia de los años sesenta y setenta, las múltiples militancias, los amores, los hijos, los amantes, el periodismo,la Lima intelectualizada y politizada en su total efervescencia a lo largo de medio siglo.

Lo que impresiona es la implicancia personal en todo ese entramado, sin quejas, sin lamentos, tal vez sí con cierta rabia y mucho amor. En medio de todo ese universo evoluciona una banda de poetas insumisos. Y esa insumisión, precisamente, marcan los hitos más visibles de la poética que habita en el retrato de la sociedad que nos pinta. Lo curioso es que en vez de ubicarse como la protagonista central, ya lo dijimos, la autora ha tenido el acierto de ceder la palabra a su entorno social, cultural y político. Como en una composición musical oímos diferentes voces que cantan a una o varias voces la vida de todos los días en Lima, las preocupaciones políticas del Perú y aledaños, las penúltimas tendencias de las diferentes expresiones de las mujeres embarcadas en la aventura del arte y la poesía, las voces sacras y profanas de diferentes poetas, narradores, dramaturgos, científicos sociales.

El mérito mayor del libro es la conversión del diario en una caja de resonancia de otras voces que, junto a la suya, se armonizan y consiguen plasmar la imagen de una mujer, de una intelectual, de una poeta peruana en el drama de nuestros días, no sólo en la urdimbre local sino también en este planeta. Por eso es trascendente. Porque escapa a los localismos, por ir más allá del auto flagelo y de la pura confesión psicoanalítica. Gracias a la actitud de la voz que nos narra los acontecimientos el lector llega a visualizar la sociedad, sus protagonistas, sus dramas, sueños y anhelos. Señalemos algunos bemoles sin embargo: la sobre representación de lo que ella misma denomina “la tribu sanmarquina”, los principales talismanes y protagonistas de este diario de pasiones. Se trata de un tribu marcada por las ideas “revolucionarias” de esa época, una de las caras del país; se deja notar la casi ausencia de los otros miembros de la tribu más grande que es el mismo país y que no compartieron esas aventuras. Pero eso al mismo tiempo deviene cualidad en la medida que lo convierte en un testimonio de parte.

Decía inicialmente que ya son pocos los libros peruanos que me dejan la agradable sensación de haber participado en un banquete de comida criolla, frente al mar, al tiempo que se conversa con amigos de toda la vida sobre poesía, pintura, música, historia, política y otra vez poseía, teatro y pintura. No quiero decir que los sabores, la proliferación de historias, la multitud de voces que participan en él me hayan mareado o algo semejante. No tiene que ver en absoluto con eso. Sino más bien con la satisfacción y el placer.

París, 6 de junio de 2006.

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Enrique Verástegui

Desde los años cincuenta hasta el dos mil, muchos años han pasado y, sobre todo, a pesar de las vicisitudes de su vida política, se ha construido una moderna literatura peruana que habla, bien a las claras, de un fenómeno de conciencia ocurrida en el pueblo peruano, capaz de leer los libros más exigentes, lo mismo que de ejercer la crítica, vinculada ésta, desde siempre, a la libertad. Nuestros diarios nos tienen acostumbrados a unas páginas culturales que hablan poco de la literatura peruana pero he aquí que, a lo largo de sus años de madurez, desde la legendaria revista Kachkanirajmi, Rosina Valcárcel –que se acerca ahora a los felices sesenta- ha ido, y principalmente desde el diario La República, escribiendo unos textos que bien podrían ser considerados crónicas que son, también, crítica literaria, y autobiografía, y que ahora acaba de reunir en dos amplios volúmenes titulados Diario de talismanes (El Santo oficio, 2005) y Aprendiz de maga (Horizonte, 2006), donde, sin posible discusión alguna, se encuentran todos los que son (casi todos) y donde, sobre todo, el lector atento a lo que se escribe en el país puede encontrar la historia literaria del Perú de los últimos cincuenta años, con un claro acento en los años 70 del siglo XX, donde se gestó lo más importante de la literatura peruana, que, por eso, lo es también como germen y potencialidad de la conciencia latinoamericana. Así, lo que ha hecho Rosina Valcárcel .-de quien alguna vez Antonio Cornejo Polar dijo que: Si Violeta y Gustavo no hubieran hecho a Rosina, hubiéramos tenido que inventarla entre todos. En estos tiempos de derrotas, desengaños y cinismo, de rendiciones y apatías, Rosina parece tener una fuente mágica e inagotable de energía… O sea habrían tenido que engendrarla todos aquellos que aman las buena literatura- ello es elaborar un canon de la literatura peruana en lo que va de siglo, no sólo el siglo XX, sino también el siglo XXI, que, bien visto, se gesta en los años setenta, donde se producen las obras maestras que después los jovencísimos irían a seguir. Esos jovencísimos poetas y narradores de los años dos mil seguirían a sus maestros hasta en la iconoclastía, pero hemos hecho más habitable el mundo, dice Rosina Valcárcel, haciendo que el amor sea necesario ahora. A su modo, esta poeta esla Madame de Stael del Perú que  ha llenado de energía a la crítica literaria peruana, y  plantea un modelo a seguir.

Lima, agoto de 2006.

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Enrique Verástegui   

E N V Í O / SALUTACIÓN A ROSINA VALCÁRCEL

  
Conocí a Rosina Valcárcel en el bar Palermo de Lima, el año 70, y, desde entonces, un fluido magnético unió nuestras vidas hasta el punto de que, aunque no hemos sido nunca enamorados, yo he vivido perpetuamente agradecido de una Rosina siempre generosa conmigo. Generosa, sobre todo, al brindarme su amistad, a mí, un simple provinciano, aunque perteneciente a la burguesía ilustrada, formado en las escuelas secretas de Cañete que llegaba para conquistar el mundo. Sé que hoy es el homenaje que le deparan el bar Yacana y sus amigos a Rosina, y esta mañana, son las 9 am, al ingresar a Internet me hallo con un mensaje de Willy Gómez sugiriéndome que escriba una nota de ofrenda a Rosina Valcárcel.

Ella, no sólo tiene la generosidad del gran talento sino también el talento materializado en los diversos libros que ha escrito, y que, de algún modo, han llenado mi vida hasta el punto de saberme de memoria muchos de sus bellos versos, que me han acompañado en mi soledad de anacoreta cañetano durante los años de mi destierro, los años 90, y que me daban fuerza para sobrevivir. Interesada en temas políticos, aquellos que no comulgaban con ella la han silenciado pero no han podido evitar que de sus manos broten bellos versos como ramos de rosas que ella ofrece a una humanidad siempre solitaria, siempre angustiada, siempre en busca de su destino. Esa poesía es la que necesitamos y esa poesía es la que todo el Perú, en nombre del bar Yacana, del Jirón de la Unión, donde a comienzos del siglo que pasó se encontraron Valdelomar y Vallejo, celebra en el homenaje que Rosina Valcárcel recibe esta noche de primavera, donde ella, aún joven, resplandece para todos ustedes y cuyos versos son gemas que brillan en el cielo de Lima.

No estoy presente pero están mis palabras, que esta noche celebran,
como lo he hecho toda la vida, la poesía de la gran Rosina Valcárcel
a quien, desde mi exilio en La Molina, envío un ramo de flores para
religar a todos en torno a esta Diosa de la poesía, Rosina, cuya poesía enciende los ojos y hace que el corazón lata a más a prisa, como si se hubiera llegado a destino.. Recibe, Rosina, el saludo cordial de un poeta del Perú, que esta noche se arrodilla ante ti.

Gracias.

Fri, 21 Oct 2005

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DIARIO DE TALISMANES Y APRENDIZ DE MAGA

 Manuel Pásara

IMPRESIONES DE UN LECTOR

2010/1/25

Querida prima Rosina:

Entendí un poco más de ti al leer tu libro DIARIO DE TALISMANES (Lima, El Santo Oficio, 2005): qué amiga de tus amigos, qué verdades a quien las necesita, sin distingo de credo. ¡Qué amistad universal la tuya! Ahora entiendo mejor tus palabras: yo me siento universal. Irremediablemente eres universal.

Qué satisfacción la de Julio de tener una amistad de años contigo.

Me siento honrado ser tu amigo

Cariños y saludos a Carlos,

Manuel

15 de febrero de 2010 11:53

Saludos Maga

Querida prima:

Leí tu libro APRENDIZ DE MAGA (Lima, Horizonte, 2006) con las ganas de no terminarlo, con las ganas de conocer más personajes, pincelados por ti, y con las ganas de saber más de ti. Así es tu libro: lleno de magia. Cariños y saludos a Carlos,

Manuel

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Muy agradecida Enviado por Desconocido el Jue, 04/01/2010 – 12:27.

Nuestra revista Redacción Popular a menudo nos sorprende con novedades muy gratas. En esta ocasión no sé cómo llegaron a sus manos estas breves epístolas singulares, cálidas y alentadoras, escritas con generosidad y ojo zahorí por el joven amigo Manuel Pásara Pásara, a quien conocí en enero, gracias al fraterno poeta Julio Carmona, la noche de la presentación de su último poemario Fuego en cenizas dormido (Arteidea y Lira Popular,2009). Estas cartas pintan la pasión de la autora, de Diario de talismanes y Aprendiz de maga, por el don de la amistad, ese misterio mágico que nos toca el alma y le da sentido a nuestra existencia. Gracias a RP y a Manuel Pásara. Rosina Valcárcel

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Giovanna Minardi

Un crítico no debería dejarse arrastrar por el sentimiento, bueno, yo esta tarde no puedo acatar esta regla y empiezo diciendo que estoy profundamente emocionada por estar aquí con Rosina y su/nuestro libro y que mis palabras van a ser empapadas de recuerdos, de alegría, de verdadera com-pasión (en su sentido etimológico de pasión compartida). Cuando hace ya muchos años conocí a Rosina, inmediatamente aprendí a respetarla como poeta, la entrevisté, escribí unos artículos sobre su poesía, en suma, quise difundir su obra en Italia, Latinoamérica (en concreto México y Argentina) y los Estados Unidos. En los últimos años me he centrado en la  narrativa de Julio Ramón Ribeyro y escritoras peruanas del siglo XX y no he vuelto a escribir acerca de su poesía, pero he seguido leyéndola y he leído también varios de sus artículos, y ello me ha llevado, entre otras cosas, a asumirme, en buena parte, la pa(ma)ternidad del proyecto que esta tarde por fin vemos hecho materia, producto final, o casi. Así que, hace años le propuse a Rosina recoger su obra periodística, ella en seguida me contestó: “Por qué, yo soy poeta no periodista”, pero yo seguí insistiendo, segura de mis motivaciones que ahora les diré, y este sueño, este proyecto nos estuvo acompañando por años. Hoy nuestra criatura ve la luz, permítanme, dando luz especial en un día que me trae a la memoria un recuerdo especialmente triste: es el décimo séptimo aniversario de la muerte de mi padre, y lo digo porque sé el entrañable vínculo que Rosina tenía con su padre. Bueno, yendo a las motivaciones: se conocen a varios narradores que han publicado su obra periodística, pero a poetas, muy pocos. Este “Diario” es uno de los poquísimos testimonios de una poeta-periodista-antropóloga, junto con los de Antonio Cisneros, Jorge Eslava, Cesáreo Martínez, Juan Cristóbal. Rosina no escribe artículos para sobrevivir ni redondear lo poco que se gana con la docencia y la poesía, más bien creo que su labor periodística surge del profundo compromiso ético y poético que ha decidido tener con su tierra y la palabra escrita. La poesía de Rosina conjuga lo inefable, lo sugerente, lo infinito de la concisa, esmerada palabra poética, este eterno afán de infinito, con temas fuertes, cotidianos como la violencia en su país, el deterioro de su ciudad, la enajenación, la ausencia de ciertas relaciones humanas, el ocaso de antiguos sueños e ideales. Dicho con otras palabras, estamos ante una poeta comprometida con la Poesía y la sociedad. De ahí que sus artículos acerca de otros poetas, de artistas e intelectuales en general, de libros y revistas leídos, etc. forman parte del único gran proyecto literario de Rosina: ser una voz estética y ética a la vez.

Durante estos últimos meses, a pesar de la gran distancia geográfica, Rosina y yo hemos estado trabajando casi  “codo a codo”; Rosina, a través de e-mail, me informaba, me ponía al día de cómo iba formándose y avanzando el libro, de las adversidades y apoyos que iba encontrando; yo, le hacía mis observaciones, le daba mis consejos, en suma, hemos venido trabajando casi juntas (aquí agradezco a todas las personas que han colaborado en la realización del libro) las dos primeras versiones del libro. Esta que se presenta hoy es una tercera versión, que incluye a Juan Ojeda, Guillermo Cúneo, poetas vinculados a la revista “Piélago” que dirigió Hildebrando Pérez en los años  ’60. Diario de talismanes se divide en siete secciones. La primera, “Talismanes”, abarca entrevistas, de los años ’50 y ’70, a hombres y mujeres de letras (N. Guillén, B.Varela, M.Scorza, etc.), críticos (A. Cornejo Polar), pintores (Ostolaza). La segunda, “Fuego de espejos”, son artículos sobre poetas integrantes de las generaciones del ’50, ’60, ’70, ’80 y ’90.  La tercera, “Poesía del interior”, nos da una muestra de la producción poética de provincias (Mendoza, Ocampo, Vizcarra, Matayochi, Carmona). La cuarta, “Arte poetica”, recoge reflexiones a modo de breves ensayos sobre la escritura de poetas reconocidos como Rimbaud y Oquendo de Amat y de poetas de la generación del ’60 (Juan Cristóbal, Nelson,) marginados por la crítica oficial; la quinta, Kachkaniraqmi, “a pesar de todo aún somos, existimos todavía, con todas las posibilidades de reintegración y crecimiento” (Arguedas) aborda temas relacionados con el Perú, como la opinión de A. Cornejo Polar sobre la dominación hispana y la resistencia andina (excelente artículo), o la labor de pedagogía crítica de Julio Dagnino (revista Autoeducación) o la defensa de la mujer peruana de Diana Miloslavich. La sexta, ”Entre candilejas”, son artículos sobre cine y teatro; la última, “Peruanistas; es un acercamiento a peruanistas extranjeros o peruanos que viven en el exterior: A. Melis, M Suárez, L. Rojas, D. Tipton y le agradezco haberme incluido por mi humilde investigación sobre Ribeyro.

Sus artículos concernientes los poetas, nos dan, en pocas líneas, un retrato humano y crítico a la vez del poeta en cuestión: Valcárcel presenta su obra, el contexto en el que ésta se coloca, y, a menudo, acude a afirmaciones de reconocidos estudiosos como R. González Vigil. Se siente en todo el libro la búsqueda de un estilo autodidacta de periodista no convencional, que nunca escribe con un lenguaje estetizante ni académico, sino más bien cálido, rebelde, a veces fustigante, otras esperanzador: la voz de una mujer artista, feminista y socialista. Así, por ejemplo, asoma un lúcido pensamiento literario y una vida intensa a través de la palabra de Blanca Varela, Antonio Cornejo Polar, Juan Gonzalo Rose, Gustavo Valcárcel, insignes representantes de la promoción del ‘50 que Rosina aborda. Paralelamente, podemos saborear testimonios lúdicos como el dedicado a Nicolás Guillén, homenajes a insignes personajes como Oquendo de Amat, sueños de un mundo mejor como  “Carta a Rimbaud”, cuyos versos recuerda y quiero recordar: “Senté a la belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié”.

Como Frida y Remedios (portada de Loca como las aves y poema), grandes pintoras que ambas admiramos, Rosina es un ser de múltiples facetas, no realiza un camino, sino muchos, aquellos de cada uno de los personajes que conoció y de los seres inventados, platónicos que habitan sus poemas y páginas. Diario de talismanes, así lo expresa su título, es una suerte de cuaderno de apuntes, donde la  autora registra sus aventuras, sus fantasmas, demonios y adversidades. Los apartados que lo conforman están unidos por vasos comunicantes, los textos se nutren mutuamente: artículos, entrevistas, ensayos, reseñas, sueños de alguna forma pintan facetas de la vida de la autora y revelan aspectos de la escena cultural y el clima político limeño y de provincia de las últimas décadas del siglo XX. Quizá no todas las páginas sean redondas, pero todas apuestan por intelectuales y artistas comprometidos con su tiempo, y la mayoría de ellas son cantos a la amistad y a la solidaridad. Rosina nos entrega su voz, y su pluma, de mujer-artista peruana, cuyo dolor se convierte en puntos de reflexión, autocrítica y meditación. En su discurso sobre los males de la sociedad capitalista, sobre al atormentado proceso histórico peruano, sobre el valor de la palabra poética se percibe un afán utópico de un porvenir todavía posible, una patria  justa, donde, come escribe en su texto “Poesía y sociedad”, “Desterrar vértigos y noches, opresión y desamor, soledad y desesperanza”.

En fin, para concluir, estoy cada vez más convencida de que este libro aporta mucho al panorama literario peruano del tercer milenio, que nos permite conocer mejor a la poeta y mujer comprometida que es R. Valcárcel, y no me queda otra cosa que esperar con mucha ansiedad la salida del segundo tomo Aprendiz de maga, que verá su luz en septiembre. Gracias.

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Rosina Valcárcel

Reproducimos la siguiente biodata y ramillete de artículos que Rosina Valcárcel dedicó a Esther Castañeda:

Esther Castañeda Vielakamen (Lima 12/02/47-24/02/2010), hija única de madre judía, vivió en La Victoria. Estudió en la Universidad de San Marcos, donde a la postre será una imagen ejemplar como docente. Aporta a  nuestra cultura: con sus investigaciones acerca de narradoras del s. XIX; su creación cuentística y poética; la promoción cultural (organizando Encuentros de Poetas Sanmarquinas); el género editorial (Magdala), y, destaca en la crítica literaria. Compartimos experiencias en los campos de la política feminista, a través de las organizaciones Mujeres en lucha (’80) y Flora Tristán, junto a Diana Miloslavich, entre otras compañeras. Colaboró en la revista Kachkaniraqmi (II etapa, ‘90). Impulsó la cátedra de Literatura de mujeres desde mediados de los ‘90, estimulando la reflexión crítica y literaria sobre una literatura que subvierte los prejuicios sexistas y sexuales que siguen limitando las mentes y los cuerpos, como enfatiza la Dra. Lady Rojas -de la Universidad de Concordia Montreal, Canadá-. Gladys Basagoitia tradujo al italiano poemas suyos.

Elizabeth Toguchi, discípula y leal compañera de Esther es su justa heredera. En la Casonade nuestra Alma Mater se le veló y rindió tributo el 25. Luego partimos para darle sepultura en el Cementerio judío. Hemos recibido abrazos de Roger Santiváñez, Lady Rojas, Gladys Basagoitia, Yoly Prada, Manuel Mosquera, comentarios alentadores de Ana María Intili, entre otras amistades. “Algo se muere en el alma cuando un amiga se va”. Aquí muestras de algunos de los escritos que le dediqué:

Esther Castañeda

· En el diván [1]

Las técnicas y estilos no tendrían sentido si en el texto no vibran el amor, la soledad, las emociones en tensión dra­mática, al filo del abismo exis­tencial. Es el caso de Interio­res de la sanmarquina Esther Castañeda (Lima, 1947). Son poemas breves, intensos, con estilo propio, algo irónicos a lo Borges o desalen­tados a lo Mistral y Pizarnik, son relámpagos que despiertan a la musa y a ciertos lectores. A pesar del progreso de la tecnología postmoderna, y aunque los lec­tores sean una especie en ex­tinción, el arte y la poesía pueden recuperar a los humanos a la vida. Y, es en el alma misma de la poesía de Esther donde la tristeza y el pesimismo se humanizan, donde unos versos encarnan la belleza y otros la convulsión del animis­mo y la magia. Ese cantar, lejos del engaño y la mezquin­dad del discurso mortal, es el rotundo sí de los relámpagos, el amor de una mujer feminis­ta a fines del siglo XX en un rincón de Sudamérica. Sus imágenes son semillas, ventanas, aromas tejidos entre personajes de un mismo tiempo. Una casa construida de palabras y recuerdos, habi­tada por seres creados por ella y anhelos soñados por amigas del amanecer.

En el libro, compuesto por las secciones: “Domi­nios”, “A puerta cerrada” y “Caminatas”, hay concien­cia de la libertad del cuer­po y sensualidad en finos rasgos al dibujar “Espacios particulares”.

“Con el saco al viento / tu cuerpo oscila como icono envuelto en seda / retiro las cortinas / y me hun­do en el desnudo /en el placer del peinarnos bajo las aguas / /…”

“A una joven lectora”, y “Desencuentros” son origi­nales. “Caminatas” me pa­rece el capítulo de más alien­to. “Omnipresencia’ es un poema que calcina, despeda­za y resucita un espacio afec­tivo intenso. “Bildungsroman” y “Medea”, llegan a la ansiada excelen­cia.

La sobriedad de Esther expresa lo que se vive y lo que se muere con la otra persona. Su escri­tura sugiere el amor en ac­ción, asombra y atrae, acaso porque arriesga y a veces invita a volar. Se palpa su apren­dizaje permanente del vivir, sus claves abren puertas ha­cía adentro, son una forma de búsqueda de la verdad. Nos pone en contacto con noso­tras mismas. Pere­grina apresurada, vuelve a sí misma por los embates sufri­dos y descansa un instante. Una suerte de conciencia del existir. Peligro-angustia-círculo cerrado. Tratando de comprender que todo es relativo.

Divagación sobre Falso huésped

El reciente poemario Falso huésped (Flora Tristán y Magdala Editoras) de la escritora sanmarquina Esther Cas­tañeda (Lima, 1947), coloca a la auto­ra en un lugar especial dentro de la poesía contemporánea hecha por mu­jeres en nuestro país.

Ahí, ante la oscuridad, impotencia y agresividad sufridas por un mal que a padece la poeta (“Falso huésped”); el cinismo del indiferente prójimo (“Ma­la amiga”); y la frustración por la irrea­lidad del amor (“Sola”), hay respuestas a modo de textos con ternura e ironía. En estos versos Esther deja constan­cia, anota y se eleva estoica, mediante vibrantes poemas-confidencias con sutil claridad, dramatismo y tristeza.

Se bautizó el libro en la casa Flora Tristán. Los comentarios de las pane­listas fueron agudos. La narradora Gaby Cevasco enfatizó el papel de la autora como esteta que recrea la rea­lidad y asume una vida comprometida con el arte en general y con el de las mujeres en especial. El acto de es­cribir como necesidad fundamental. Esther se mira e interroga, hace un re­paso de sí y se despersonaliza en ter­cera persona.

Es un libro estremecedor con econo­mía de palabras. A la historiadora Em­ma Mannarelli le conmovió el coraje de Esther al presentar una síntesis que emociona al lector. Dijo: Aquí se dibu­ja la encarnación de la condición hu­mana. Hay calidad ontológica. Fijarse en los detalles, como se juntan los opuestos (“mármol es un papel”). Este juego nos convence. Me hace recordar el discurso de las mujeres extravagan­tes radicales, piadosas místicas en tan­to desafía el opresivo dualismo de la cultura occidental eclesiástica.

La comunicadora feminista Diana Miloslavich expuso el valioso testimo­nio “Esther Castañeda o la terquedad de ser mujer en San Marcos”, ilustrando la pionera y tenaz labor académica de la poeta, en su calidad de catedrá­tica, investigadora, editora, promoto­ra cultural, feminista y amiga. La pro­fesora Yoly Westphalen, por su parte, lanzó el lúcido texto “Falso huésped: poética de la cotidianidad”, subrayan­do la búsqueda de la identidad en In­teriores y en el reciente libro.

A la hora lunar, Esther tomó la pa­labra. Denunció cómo la lógica-ilógica de la vida había alterado su destino. Ella, intensa, leyó un racimo de poe­mas, algunos del libro presentado y dos inéditos. Nos hizo sentir ofusca­dos como su poema “Sola”: “el grito que no es grito suma y resta…,” y quedamos atónitos. Pero, al final, nos hu­manizó “Buenos deseos”: “Le gustó re­cibir el sábado la llamada de Paco // los buenos deseos de él y su mujer / le dan ternura // anoto maniática­mente // Hildebrando, Nancy, Paola, Rosa / 8 de la noche / la vieja Reming­ton ha perdido su tapa / como ella el movimiento / anoto / anoto”.

2001 En: El peruano. Lima 23 de Febrero. P.14.

· Los días y la enfermedad [2]

Falso huésped [3] poemario de Esther Cas­tañeda, la coloca en un lugar especial dentro de la poesía contemporánea hecha por mu­jeres en Lima.

Ahí, ante la oscuridad, impotencia y agresividad sufridas por un mal que padece la poeta (“Falso huésped”); el cinismo del indiferente prójimo (“Ma­la amiga”); y la frustración por la frustración del amor (“Sola”), hay respuestas tiernas e irónicas. En estos versos la autora deja constan­cia y se eleva estoica, mediante vibrantes poemas-confidencias con sutil claridad, dramatismo y tristeza.

Se celebró el libro en la casa Flora Tristán. Las pane­listas fueron agudas. La narradora Gaby Cevasco enfatizó el papel de Castañeda como esteta que recrea la rea­lidad y asume una vida comprometida con el arte en general y con el de las mujeres en especial. El acto de es­cribir como necesidad fundamental. Esther se mira e interroga, hace un re­paso de sí y se despersonaliza en ter­cera persona.

Con econo­mía de palabras resulta un libro estremecedor. A la historiadora Em­ma Mannarelli le conmovió el coraje de Esther al presentar una síntesis que emociona al lector. Dijo: Aquí se dibu­ja la encarnación de la condición hu­mana. Hay calidad ontológica. Fijarse en los detalles, como se juntan los opuestos (“mármol es un papel”). Este juego nos convence. Me hace recordar el discurso de las mujeres extravagan­tes radicales, piadosas místicas en tan­to desafía el opresivo dualismo de la cultura occidental eclesiástica.

Diana Milos expuso el testimo­nio “Esther Castañeda o la terquedad de ser mujer en San Marcos”, ilustrando el rol pionero feminista y la tenaz labor académica de la poeta, como catedrá­tica, investigadora, editora y promoto­ra cultural. La pro­fesora Yoly Westphalen, lanzó el lúcido texto “Falso huésped: poética de la cotidianidad”, subrayan­do la búsqueda de la identidad en In­teriores y en el reciente libro.

A la hora lunar, Esther tomó la pa­labra. Denunció cómo la lógica-ilógica de la vida había alterado su destino. Ella, leve, leyó un racimo de poe­mas, algunos del libro en mención y dos inéditos. Nos ofuscó su poema “Sola”: “el grito que no es grito suma y resta…,” y quedamos atónitos. Pero, al final, nos hu­manizó “Buenos deseos”:

“Le gustó re­cibir el sábado la llamada de Paco // los buenos deseos de él y su mujer / le dan ternura // anoto maniática­mente // Hildebrando, Nancy, Paola, Rosa / 8 de la noche / la vieja Reming­ton ha perdido su tapa / como ella el movimiento / anoto / anoto”.

· Filigramas candentes no son vana poesía [4]

Bendita agua de Lourdes, ¡la poesía venció! El 14 de octubre de 1997 Esther Castañeda fue operada en el hospital Almenara. Por suerte la calidad de los galenos (Rocca y otros), los gestos de Juan Cristóbal y Américo Mudarra (donaron sangre), el aliento de Hiromi, Ana Luisa, Otilia, Rosa y otros inciensos fueron oportunos. Esther cruza su mayor reto y sobrevive, bíblica; evitando que se suspenda su labor: enseñar la obra de nuestras escritoras; ejemplo, hace poco fugó de su reposo para presentar a Mihaela Radulescu durante el curso Literatura escrita por mujeres (creado por EC).

Persiste como investigadora-arqueóloga (contribuye a historiar y valorar esta literatura). Sabemos que Esther es una de las pioneras de la perspectiva de género en nuestra literatura (desde el XIX hasta hoy, Portal, Varela, etc.), en tanto ella rescató lo que no fue visto antes (Carolina Freyre, ­ej.). La vate publicó dos libros singulares: Interiores [5], comentado por Modesta Suárez, Marco Martos, Pedro Escribano, Mihaela Radulescu y examinado por Lady Rojas-Trempe en “Una mujer canta en medio del caos e Interiores. Autorepresentación poética peruana de R.Valcárcel y Esther Castañeda” (1997, Concordia University), donde afirma: “En Medea, EC recorre cada etapa vital de su crecimiento humano en un estilo libertario, subraya su descendencia mitológica transgresora con respecto a las expectativas sexuales tradicionales, renuncia como Medea a la maternidad biológica e ideológica con dos versos podero­sos,

…arrojas por la baluastrada / hijos y esclavos y asume: el orgasmo/ que esporádicamente alcanza / no se trata de vana poesía —repite— y sucias aventuras amorosas.”

y Carnet [6], con epígrafes de las suicidas Angela Alvim y Alejandra Pizarnik, donde comunica un mundo denso, una serie de gemidos larvados por la alucinación del ser. Aquí EC privilegia su yo oculto, hilvanando un desconcierto de revelaciones genuinas, ej. el poema Avenida Pizarro:

… con un cuarto de pollo y unos libros / desafío / la embriaguez! la razón de una navaja / la memoria remota.

Para Rocio Silva Santisteban: sus textos se parecen a los haikus, pero en otro tono, son filigranas candentes. Cuando los textos son breves, el silencio y el vacío de la página cobran significación: en este caso todos estos elementos mantienen armonía, ej. Deseo:

… sensación /sensación / te espero incrédula …

Castañeda está de nuevo en la escena cultural, atenta para investigar, enseñar, editar, escribir lo diferente, sacar de la marginación a las escritoras y situarlas en el centro de sus sueños.


[1]La República, Crítica, vier. 20 set. 1994: p. 20.

[2] El Peruano, Lima, 23 feb 2001: p.14.

[3] (Flora Tristán y Magdala Editoras).

[4]La República, Lima, 29 nov 1997: p.18.

[5] (Amaru, 1994).

[6] (Magdala, 1996, hecho entre 1975 y 1978).

Cosas que (me) pasan
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